Venezolanos en el extranjero viven la esperanza de la libertad desde lejos. En Nuevo Laredo, huyendo del régimen de Maduro y su antecesor Hugo Chávez, pero ayer una noticia les brindó esperanza e inquietudes.
Eran las 2:00 de la mañana en la ciudad, los teléfonos y aplicaciones de mensajería se activaron con llamadas y mensajes provenientes de familiares y amigos desde Venezuela. A más de 4 mil kilómetros de distancia, Alberto Rangel, venezolano con más tres años de vivir en la ciudad, comenzó a recibir la poca información que se podía en ese momento, que Estados Unidos había ingresado a territorio venezolano bombardeando instalaciones militares para extraer a Nicolás Maduro.
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Aunque persisten muchas dudas sobre los alcances de una posible ocupación estadounidense, algunos consideran que se abre una puerta para regresar, aunque sea de manera temporal, a reencontrarse con sus seres queridos.
Amaury Díaz afirmó que, en un contexto complejo, México ha actuado con dignidad histórica al brindar asilo y respaldo humano a miles de venezolanos, manteniendo viva la esperanza cuando otras puertas se cerraban. Señaló que para Venezuela ha comenzado el tiempo del retorno, con un país que busca recuperar su lugar internacional y reconstruirse desde el valor de la libertad y el hogar.
Advirtió que el conflicto venezolano responde también a intereses estratégicos ligados a sus vastos recursos naturales, pero subrayó que la prioridad debe ser humana: el reencuentro familiar y condiciones de vida dignas. “Llegar a casa es el único destino que justifica cualquier sacrificio”.
Finalmente, Rafael Díaz Rosales, quien lleva más de 14 años viviendo en Nuevo Laredo. Aquí ha echado raíces, formó una familia y construyó una nueva vida; sin embargo, la esperanza de volver a ver a sus padres, hermanos y amigos nunca se ha apagado. Para él, como para muchos otros, la posibilidad de un cambio en Venezuela representa la oportunidad de sanar la distancia impuesta por el exilio, aunque sea con un primer reencuentro.
