El último informe de la Comisión Ferroviaria sobre pozos petroleros abandonados revela que Texas cuenta ahora con más de 11 mil sin explotar.
Esta cifra supera el récord anterior, establecido en octubre del año pasado, y representa el mayor número de pozos abandonados registrado en los últimos 20 años.
Además, el número de pozos inactivos en el estado ha superado los 120 mil, lo que pone de manifiesto el creciente desafío que enfrenta la industria petrolera y gasífera de Texas.
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Un pozo huérfano es un pozo de petróleo, gas o inyección sin explotar del que no se puede ubicar a ningún responsable viable, o cuyo propietario es conocido, pero está en quiebra.
Virginia Palacios, de la Commission Shift que vigila la actividad petrolera y de aceite, consideró que los pozos de petróleo y gas abandonados, que carecen de operadores activos, representan una importante preocupación medioambiental, ya que su deterioro plantea riesgos como la contaminación del agua con benceno, un carcinógeno; fugas de fluidos nocivos que afectan a la fauna silvestre, la agricultura y el ganado; y emisiones de metano que contribuyen al calentamiento global.
Históricamente, la legislación estatal ha permitido a los operadores posponer indefinidamente el sellado de pozos inactivos, lo que ha generado una enorme acumulación de trabajo pendiente.
La Comisión Ferroviaria de Texas, organismo estatal de supervisión de la industria del petróleo y el gas, suele sellar unos 1300 pozos abandonados al año; sin embargo, este esfuerzo resulta insuficiente para cubrir el creciente número de pozos que se suman a la lista anualmente.
La agencia suele financiar el sellado de pozos con las tasas y recargos que paga la industria del petróleo y el gas, y en menor medida con los fondos recaudados mediante fianzas.
No obstante, ni las tasas ni las fianzas han aumentado lo suficiente como para hacer frente a la creciente necesidad de sellar el número de pozos abandonados.
Un reporte de la Commission Shift indicó que a medida que aumenta el número de pozos abandonados, los peligros para las aguas subterráneas y el suelo se intensifican debido a las demoras en su sellado.
Los miembros de la comunidad han manifestado su preocupación constante, señalando casos en los que la RRC no ha solucionado las fugas de los pozos con prontitud, lo que ha exacerbado los problemas ambientales.
