Dormir con el gato se ha convertido en una escena cotidiana para miles de personas. Para muchos dueños, compartir la cama con su mascota representa tranquilidad, apego emocional y una forma de reforzar el vínculo.
Esta práctica, sin embargo, también ha generado dudas sobre posibles efectos en la salud humana, especialmente cuando el contacto es estrecho y se prolonga durante horas.
¿Es malo dormir con tu gato?
En términos generales, especialistas señalan que convivir de esta manera con un felino doméstico no suele representar un peligro importante si el animal se encuentra en buenas condiciones de salud.
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Gatos vacunados, desparasitados de forma regular, esterilizados y que viven principalmente dentro de casa presentan un riesgo mínimo. Aun así, la ciencia médica reconoce la existencia de un peligro bajo, pero real, de contraer enfermedades que se transmiten de animales a personas, conocidas como zoonosis.
Una de las infecciones más mencionadas es la toxoplasmosis, provocada por el parásito Toxoplasma gondii. Aunque existe la creencia de que dormir con el gato es una vía frecuente de contagio, los expertos aclaran que el riesgo por esta vía es muy reducido.
La principal forma de transmisión ocurre al inhalar o ingerir partículas microscópicas presentes en las heces, sobre todo al manipular la caja de arena. Este padecimiento preocupa de manera especial a mujeres embarazadas y personas con el sistema inmunológico debilitado.
La fiebre por arañazo de gato
Otra afección asociada al contacto cercano es la enfermedad por arañazo de gato, también conocida como fiebre por arañazo. Se trata de una infección bacteriana causada por Bartonella henselae. Aunque suele transmitirse a través de rasguños o mordeduras, algunos estudios han documentado contagios por lamidas o convivencia muy cercana con gatos portadores de la bacteria.
La tiña, llamada médicamente dermatofitosis o ringworm, es una infección por hongos y figura entre las más comunes cuando se comparte la cama con un gato. El hongo Microsporum canis, frecuente en felinos, se transmite con facilidad mediante el contacto directo con la piel o el pelaje infectado. Su propagación no distingue edad y puede afectar tanto a niños como a adultos.
Parásitos intestinales de tu felino
También se han identificado riesgos relacionados con parásitos intestinales, como Toxocara cati, anquilostomas u otros nematodos. En casos poco frecuentes, los huevos pueden quedar adheridos al pelo o a las patas del gato y llegar al humano de forma accidental. Este escenario es raro en gatos de interior que reciben desparasitación periódica.
Salmonella y otras bacteria que podría portar tu michi
Investigaciones médicas han señalado, además, la posible transmisión de bacterias como Salmonella, Campylobacter, Pasteurella e incluso Clostridium difficile.
Estas infecciones pueden originarse por contacto con heces, suciedad en las patas o lamidas. A ello se suman los parásitos externos, principalmente pulgas, que además de provocar alergias o picazón, pueden transmitir Bartonella u otros agentes patógenos en situaciones excepcionales.
Dueños y gatos sanos
El nivel de riesgo no es el mismo para todas las personas. En individuos sanos que conviven con gatos de interior bien cuidados, la probabilidad de enfermar es considerada muy baja. Sin embargo, aumenta cuando el animal sale a la calle, caza, no está desparasitado o presenta pulgas. Embarazadas, niños pequeños, adultos mayores y personas con VIH, cáncer, trasplantes u otras causas de inmunosupresión deben extremar precauciones.
Para reducir cualquier posibilidad de contagio, los especialistas recomiendan mantener al gato bajo supervisión veterinaria, cumplir con los esquemas de vacunación y desparasitación, lavarse las manos tras limpiar la arena o jugar con el animal y evitar dormir juntos si el felino presenta diarrea, lesiones en la piel o signos de enfermedad.
En conclusión, dormir con el gato, cuando se trata de un animal sano y bien atendido, suele ser más un beneficio emocional que un problema de salud. No obstante, la prevención, la higiene y la responsabilidad en los cuidados siguen siendo los factores decisivos para que esta práctica se mantenga segura tanto para el humano como para su mascota.
