El sarampión es una enfermedad viral extremadamente contagiosa que puede prevenirse con la vacunación adecuada.
Este padecimiento es causado por un virus del género Morbillivirus, que es vulnerable a la luz y al calor. Se transmite fácilmente mediante gotas respiratorias expulsadas al toser o estornudar.
Identifica un contagio de sarampión
Un solo paciente puede contagiar a más de una decena de personas antes incluso de manifestar síntomas visibles.
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El proceso infeccioso atraviesa varias fases. Inicialmente, tras un periodo de incubación de 10 a 12 días, surgen fiebre alta, tos seca y conjuntivitis. Luego, aparecen las distintivas manchas cutáneas, primero en el rostro y luego en el cuerpo.
A medida que la erupción avanza, la fiebre disminuye y el paciente comienza su recuperación. Sin embargo, pueden surgir complicaciones graves como neumonía o encefalitis, especialmente en lactantes y adultos.
El tratamiento del sarampión se centra en aliviar los síntomas mediante antipiréticos y una adecuada hidratación. Además, es crucial mantener una higiene rigurosa para prevenir infecciones secundarias. No obstante, la estrategia más eficaz contra la enfermedad es la inmunización con la vacuna triple vírica, administrada en dos dosis dentro del calendario de vacunación infantil.
Métodos de prevención
Para evitar la propagación del virus, los especialistas recomiendan lavarse las manos con frecuencia, evitar el contacto con personas infectadas y acudir a un profesional sanitario ante la aparición de síntomas sospechosos. En caso de diagnóstico positivo, se debe restringir la asistencia a escuelas y otros espacios colectivos hasta la completa recuperación.
El sarampión, aunque prevenible, sigue representando un riesgo en comunidades con bajas tasas de vacunación. Concienciar sobre la importancia de la inmunización y la consulta médica temprana es clave para evitar brotes y complicaciones severas.