Una escena de horror marcó las celebraciones navideñas en Diyarbakir, al sureste de Turquía, luego de que un bebé de apenas tres meses de edad muriera tras ser arrojado desde el cuarto piso de un edificio. El hecho ocurrió en el barrio de Firat, en el distrito de Kayapinar, y ha provocado conmoción nacional por la brutalidad del suceso y por el trasfondo de salud mental que ahora centra la investigación.
De acuerdo con reportes oficiales, la presunta agresora es Nurhayat E., madre del menor, quien se encontraba de visita en la casa de su suegro para pasar las fiestas de Navidad. Por razones que aún se investigan, la mujer lanzó al lactante por una ventana del domicilio. Vecinos que presenciaron la caída dieron aviso inmediato a las autoridades y a los servicios de emergencia. Sin embargo, al llegar al lugar, los paramédicos únicamente pudieron confirmar el fallecimiento del bebé, quien sufrió lesiones mortales instantáneas debido al impacto.
El estado mental, bajo la lupa
Nurhayat E. fue detenida en el sitio por la policía local. Durante las primeras indagatorias, trascendió que la mujer padece problemas psicológicos graves, información que se ha convertido en el eje central del proceso judicial y forense.
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En Turquía, el homicidio de un familiar directo suele castigarse con cadena perpetua, pero el Código Penal contempla excepciones muy específicas cuando existe una enfermedad mental severa. Si los peritajes determinan que la mujer no era capaz de comprender la ilicitud de sus actos, podría evitar una condena carcelaria y ser internada en una institución psiquiátrica de alta seguridad, bajo custodia y tratamiento especializado.
Conmoción social y debate nacional
El caso ha desatado un intenso debate en la sociedad turca sobre la atención a la salud mental posparto, la detección temprana de trastornos psiquiátricos y el acompañamiento a mujeres con antecedentes clínicos. Organizaciones médicas y especialistas han advertido que estos cuadros, aunque poco frecuentes, requieren atención inmediata para evitar tragedias.
A raíz de hechos similares, expertos han puesto el foco en la psicosis posparto, una condición grave que afecta a 1 o 2 de cada 1,000 mujeres tras el parto. A diferencia del “baby blues” o la depresión posparto, esta enfermedad implica una pérdida de contacto con la realidad, con delirios y alucinaciones que pueden poner en riesgo a la madre y al bebé.
Entre las señales de alerta se encuentran delirios, alucinaciones, insomnio extremo, comportamiento errático y cambios bruscos de humor. Mientras avanzan los exámenes médicos y psiquiátricos, el caso permanece bajo custodia judicial, en espera de una resolución que combine justicia, atención médica y prevención para evitar nuevas tragedias.
