Etiopía es uno de los pocos países en el mundo que no sigue el calendario gregoriano, utilizado en la mayoría de los países del mundo. En lugar de eso, el país utiliza el calendario Ge'ez, también conocido como calendario etíope, que lo coloca en el año 2017, a pesar de que el resto del planeta ya ha avanzado al 2025.
Este desfase de entre 7 y 8 años con el calendario occidental se debe a una serie de diferencias en cómo se calculan los años, y es un reflejo de las profundas tradiciones culturales y religiosas del país.
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El calendario Ge'ez se basa en el calendario copto, utilizado por la Iglesia Ortodoxa Etíope, y tiene una estructura diferente a la del calendario gregoriano. Consta de 12 meses de 30 días cada uno, más un mes adicional llamado 'Pagume', que tiene 5 o 6 días, dependiendo de si el año es bisiesto.
Esta organización resulta en un año de 365 o 366 días, y es lo que causa la diferencia de años con el calendario gregoriano.
Una de las principales consecuencias de este calendario es que el Año Nuevo etíope, conocido como Enkutatash, se celebra en septiembre, específicamente el 11 o 12 de septiembre, dependiendo de si es un año bisiesto.
Este evento es de gran importancia en Etiopía y está marcado por festividades tradicionales que incluyen música, danzas, el intercambio de regalos, y una abundante distribución de comida típica.
La celebración se relaciona con una antigua tradición que conmemora el regreso de la Reina de Saba a Etiopía, tras su visita al rey Salomón en Jerusalén, donde fue recibida con grandes regalos, especialmente joyas.
Además de su valor cultural y religioso, el calendario etíope también tiene un significado histórico importante. A lo largo de los siglos, Etiopía ha mantenido su calendario, resistiendo la influencia de las invasiones europeas y otras presiones externas.
De hecho, es uno de los pocos países que ha preservado tanto su calendario como su sistema de datación en un mundo globalizado que sigue el calendario gregoriano.
Este sistema único de fechas no solo refleja la independencia de Etiopía respecto a las influencias extranjeras, sino también su identidad como nación que ha mantenido su patrimonio cultural a lo largo de los siglos.
A pesar de las dificultades históricas, como las invasiones coloniales, Etiopía sigue siendo un bastión de sus tradiciones, y el uso de su calendario es una manifestación de esa resistencia cultural.
Por lo tanto, mientras el resto del mundo celebra el 2025, Etiopía sigue viviendo en el año 2017, una muestra palpable de cómo la historia, la religión y la cultura se entrelazan para crear una identidad única que perdura hasta hoy.