SELVA URBANA

Mujeres divinas

Escrito en OPINIÓN el

El “8M” no es para destrozar, ni para partirle la madre a los monumentos históricos y tampoco saquear tiendas de conveniencia, mueblerías, supermercados y boutiques, no es para dañar edificios públicos, ni monumentos. El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en México es para recordarle al mundo que las mujeres tienen los mismos derechos, es una fecha de reivindicación para ellas, es para hacer memoria de lo que les corresponde, de que falta mucho por hacer en pro de las féminas y de que hay que parar la violencia contra ellas.

Sólo enero de este 2026, México tuvo 54 feminicidios, cuatro de ellos en Tamaulipas (los casos en Morelos de Kimberly y de Karol, crímenes por separado, son las más recientes indignaciones que hay en todo el país). No hablamos de la violencia entre cuatro paredes, las golpizas hacia ellas, ni de las violaciones sexuales, ni en las violaciones de derechos de género, ni del molesto acoso sexual que todas ellas sufren a diario en la vía pública desde que nacieron, acosos y molestias en su vida de cada día, sea en la escuela, en el trabajo, en la casa y en la tienda de la esquina, en la parada del camión y donde sea, sólo por ser mujeres y solo porque a un hijo de tía se le antoja estarle fastidiando.

Este día, no es para celebrar algo, ni para festejar nada, este 8 de marzo es para recordar la lucha histórica de ellas por la igualdad de derechos, así como para señalar tanto los logros conseguidos, como lo mucho que hay todavía por hacer en el trabajo, en la educación, acerca de la justicia y de la participación social de ellas. No es una fecha comercial, cero mercantilistas, si acaso habrá vendimia de pañuelos morados o lilas y también cualquier tono de verde, quizá cachuchas, boinas, camisetas, tops, bandanas, banderas y otros artículos de tela que indiquen la molestia que las féminas tienen por el trato tan sanababiche de ciertos machitos, muchitos, muchos, bastantes ¡en todos los rincones del país!

Este domingo es para manifestar su descontento, pero de una manera de unión, de multitud a su favor, pero no para perjudicar al prójimo que ha hecho un gran esfuerzo en poner su negocito, en abrir su tiendita. Nada de mercenarias, ni de “Demonias de Tazmania” que arrasan a su paso con todo, México ya está lleno de violencia, se desborda la misma, ya lo vemos en la escuela de nuestras “bendis” en el tráfico, en el súper, en la fila del banco, en la de las tortillas, todo es de “quitate que ahí te voy”, “yo primero y después me vale madre quien siga”. Como para todavía soportar que esta fecha, hoy, este 8M se haya convertido en otro monumento a la violencia, en un infalible sinónimo de agresión, de daño al otro y contra todo. Otro día -oficial- de más abusos, como los que ellas sufren a diario, a cada instante, tanto en la generalidad de las calles donde nadie hace nada para protegerlas, ni sale en su auxilio, ni reprueba lo que les ocurre; como en lo particular, bajo sus propios techos, entre sus cuatro paredes, en el anonimato de la intimidad abusiva que sufren cada día.

Nadie les dijo que el de hoy es para que algunas de ellas tuviesen permiso en el mundo para desquitarse, destruyendo lo que deseen. La fecha no es de demostrar fuerza, sino coraje, no es para decir; “Ahora te pego yo” y lo hagan contra inocentes que ni las han tocado, ni las han volteado a ver. Esta jornada es más bien para decirle a todo un país que las mujeres exigen un mejor trato, equidad, igualdad de condiciones y de otros derechos que los hombres les hemos negado. Sí, es día de arengas, de gritar sus molestias, hasta acompañarlas de epítetos, adjetivos calificativos, maldiciones, pero que no haya golpes, ni destrozos, daños, ni escupidas.

Que la mayor ofensa sea intangible, que la más seria consigna no se sienta físicamente, que el golpe más contundente vaya a las conciencias y que no se traduzca en perjuicios, mucho menos hacia inocentes, como en los últimos ocho de marzo han sido contra mujeres policías, ¡desarmadas! ni contra locales comerciales e inmuebles de ciudadanos ajenos a todo esto. En México, nos ha quedado enfermizamente claro de que esta fecha es para que todo lo que sea posible, sea desmadrado por ellas, lo que esté a su paso de las féminas, de que hoy ellas tienen licencia para dañar, para golpear o para ¡Matar! ¿Las hace ser mejores seres humanos? ¿Es su gran catarsis? ¿Y mañana lunes 9 de marzo, que pasará? ¿Algo cambiará? ¿Los hombres las respetarán por lo ocurrido este domingo? Si creen que sí, entonces que barato es su desquite.

Como si el 8M fuera para perjudicar a un comerciante, destruir el mobiliario urbano, derrumbar monumentos históricos y horadar edificios públicos que se erigieron con el dinero de todos, sí que es muy irrisorio su venganza, es un pírrico momento de desestrés, una muy chirris paga por su desahogo. Esta fecha no es de ahorita, data de 1909, de las luchas históricas de las mujeres por igualdad de derechos, mejores condiciones laborales y participación social y política. Su origen está ligado a movilizaciones obreras, en Europa y Estados Unidos. Y solo -otro abuso más contra las mujeres- fue que hasta 1977, la Organización de las Naciones Unidas reconoce oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Desde entonces, se marcha en el mundo para visibilizar desigualdades persistentes, como la brecha salarial, la violencia de género, la falta de representación.

En verdad que es lamentable qué hasta estos tiempos modernos, cada año haya necesidad de hacerlo. A ver que resulta este día, veremos si no hay muertos, si el acuartelamiento de Palacio Nacional y otros sitios que por excelencia han sido dañados, terminen en pie al final del Día Internacional de la Mujer. Feliz domingo para todos, pero en particular para las mujeres divinas, las madres, hermanas, esposas, hijas y nietas de todos nosotros los más, los que sí las queremos, las amamos y las consideramos lo más grande, fuerte e importante en este mundo.