ECONOMÍA SIN FRONTERAS

Trump, informe de contrastes

Escrito en OPINIÓN el

El informe de gobierno de Donald Trump dejó cargado de implicaciones: Estados Unidos quiere seguir empujando su economía desde la manufactura, la energía y la infraestructura. No hubo grandes anuncios ni políticas nuevas, pero sí una reafirmación del rumbo económico que Washington tomará en los próximos años. Ese rumbo, por más doméstico que parezca, termina marcando el paso para toda América del Norte.

La región vive un momento complicado de descifrar. Los datos muestran crecimiento, pero sin la fuerza que muchos esperaban. La inflación ha bajado respecto a los picos de hace dos años, pero no lo suficiente como para que los mercados respiren con tranquilidad. Y mientras tanto, empresas grandes y medianas siguen invirtiendo, aunque con más cautela y enfocándose en ubicaciones donde la energía sea estable y los costos de operación predecibles. Más que entusiasmo, hay una calma tensa.

Trump dedicó buena parte del informe a insistir en reforzar la producción interna. Quiere más plantas, más empleo y menos dependencia del exterior. Ese mensaje no es nuevo, pero al reiterarlo deja claro que la política industrial estadounidense se mantendrá. Las cadenas de suministro en América del Norte se mueven como piezas conectadas: lo que se incentiva en un país se reorganiza en el otro.

Un punto central del discurso fue el tema energético. No como debate ideológico, sino como condición económica. La región necesita suficiente capacidad energética para sostener fábricas, centros de datos, transporte y servicios.

El informe también dejó entrever la realidad política que rodea a la economía. Las discusiones sobre gasto público, impuestos, regulación y migración no pueden separarse del desempeño económico. Cada ajuste en Washington repercute en costos laborales, disponibilidad de trabajadores, niveles de inversión y expectativas de crecimiento. Además, la Reserva Federal mantiene una postura prudente porque la inflación aún no llega al objetivo. Esa cautela afecta a los tres países: crédito más caro, decisiones más lentas y consumidores más sensibles.

Otro elemento que resaltó fue el tono. El discurso no prometió grandes cambios ni nuevos programas expansivos. Más bien sonó a continuidad. Un mensaje de que la estrategia económica seguirá por la misma línea, con ajustes menores. Eso puede ser positivo para los mercados, que prefieren claridad, pero también deja claro que no se espera un impulso adicional que acelere el crecimiento regional.

En resumen, el informe de Trump no transformó el panorama, pero sí definió el ambiente económico de la región: un escenario de estabilidad relativa, crecimiento moderado y decisiones que dependerán más de la energía disponible y la coordinación entre países que de nuevas promesas políticas. América del Norte avanza, pero necesita más ejecución y menos retórica para enfrentar lo que viene.