SOPA DEL DÍA

Carreteras peligrosas

Escrito en OPINIÓN el

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Carreteras peligrosas

Todo parece indicar que las carreteras de Tamaulipas requieren atención urgente. Lo confirman los datos, los partes oficiales y los primeros días de 2026: al menos 20 personas fallecidas y decenas de personas, incluyendo niños, lesionadas en una cadena de accidentes que recorre el mapa del estado. No es una falla del sistema. Es el sistema lamentablemente diseñado para fallar. Y lo mismo se replica en otros estados. 
Si algo ha quedado claro es que los accidentes carreteros no ocurren por casualidad. Ocurren en tramos sin carriles separados, con baches antiguos, señalización borrosa o inexistente y una convivencia forzada entre vehículos familiares y tráileres de varias toneladas que rebasan como pueden. Claro que siempre se puede pedir a los conductores que extremen precauciones, pero lo primero es tener vías seguras. 
En rutas como Victoria–Tampico o Victoria–Matamoros el concepto de carriles compartidos tiene un encanto particular. Conducir de frente contra tráileres es una experiencia que exige atención plena, reflejos rápidos y una buena dosis de suerte. La limitada infraestructura pone en riesgo a todos. 
La mezcla de transporte pesado con vehículos ligeros agrava el problema. Los tráileres son grandes, visibles y dominan el camino. Si se meten a la fuerza entre carriles o no frenan a tiempo, siempre habrá una explicación sencilla: error humano. El diseño vial, por supuesto, permanece intocable.
Las autopistas faltan. ¿Para qué invertir en vías modernas si podemos seguir parchando lo urgente? El deterioro anual de la carpeta asfáltica no es abandono; es constancia. Y parece que la ausencia de un plan permanente de mantenimiento no es omisión, es flexibilidad administrativa.
La señalización deficiente juega en nuestra contra; obliga al conductor a interpretar el camino, a adivinar carriles, a leer el asfalto como si fuera un acertijo. La vigilancia existe, aunque con un perfil discreto. Camiones lentos acaparando carriles, rebases riesgosos y maniobras agresivas forman parte del paisaje. 
Las carreteras no fallan: responden a años de decisiones mínimas, mantenimiento tardío y prioridades aplazadas. Lo verdaderamente desconcertante no es que haya más muertos, sino que todavía insistamos en llamarlo accidente.
Cuando una tragedia se repite con tanta puntualidad, deja de ser un imprevisto. Se convierte en costumbre. Y la costumbre, en política pública no declarada.
¿Usted qué opina?