¿Qué fue o que era en México la política social, digo, antes de estos que están ahora y que tienen la aprobación de tres cuartas partes de todo mexicano sobre territorio azteca?
Y la tienen porque simplemente le están dando a los pobres, lo que nunca se les dio, ni de broma.
¿Qué fue esa política social en esta tierra azteca, digamos, ya no desde la independencia, sino de más acá, como desde que el pueblo “triunfó” con la revolución de 1910 que terminó en 1920 y que se aprestaba a manejar, dirigir y administrar un país inmensamente rico (y si lo somos, tanto que en casi 100 años una bola de bandidos de lo peor, no se lo pudieron acabar)?
Ese país soñado por los pobres y regado por la sangre de más de un millón de connacionales que dejaron su vida en la empresa.
Pues bien, esa ayuda al amolado, déjenos decirles, que no fue más que 500 gramos de arroz con gorupos y el kilogramo de frijol con gorgojos, limosnas bien caciqueadas, sólo repartidas en cada elección, pero “bien cantadas” por los héroes y “mártires” de nuestra post revolución, aquellos a los que “el país les encargó desmayarse trabajando por los pobres”.
Hijos de su triste madre, raboneándole al pueblo todo, apenas una inchurrienta chiqui despensa cada 60 días.
Toda una sarta de discursos, para recibir una abollada “portola” de sardinas o lata de dudosa procedencia, medio kilo de rancia manteca de puerco y un paquete de 4 rollitos de papel para el cutis, de esos que con una ida “a tirar el miedo”, se desaparece.
Y un paquete de fideo o “chopita” de letritas, eso es lo que fue en este país la ayuda social durante décadas de Prianato.
Y en la educación, un par de cuadernos de raya y de cuadrícula, chafos, traídos de China y empastados con un motivo nacional o con el logotipo del partido, del gobierno en turno.
Esa fue la política social de los “prístinos”, esos que se robaron hasta los colores de la nación.
Y en la salud, fue la inyección contra el sarampión, la rubéola y la varicela, mismas que vaya usted a saber si realmente fueron inmunizaciones, pues los pasajes de agua destilada en lugar de quimioterapias, no son solo capítulos de los tiempos modernos de Enrique Peña Nieto y Javier Duarte de Ochoa, ya venían de atrás tiempo.
Son viejas prácticas contra la salud del ser más indefenso, nuestros niños, los de los cinturones de miseria, del arrabal, los de “Cartolandia”.
El PRI nació en 1929 “para institucionalizar la política”, mediante el Partido Nacional Revolucionario, eso es lo que vivió nuestro país tras el evento revolucionario.
Y en el ‘38 con el Tata Lázaro se convierte en Partido de la Revolución Mexicana (la misma gata, nada más que revolcada y ahora dizque con obreros, campesinos y populacho), ahí nació el ejido, les entregaron todas las tierras, mismas que luego -como ocurrió en Nuevo Laredo-, los señores que gritaban que “las tierras son de quienes la trabajan”, se volvieron potentados terratenientes hicieron con ellas lo que quisieron y se pusieron a venderlas a inhumanos desarrolladores inmobiliarios que construyeron fraccionamientos de millares de inservibles pero carísimas, casitas pichoneras, cajitas de zapato, levantadas en lechos de arroyos, en vados, canales, presas y demás accidentes naturales.
Claro está que mediante leoninas, agiotistas, usureras y sanababiches hipotecas con calidad de no poderlas pagar nunca, incluso el mismo órgano gubernamental, el inalcanzable Infonavit (en “Infiernavit” fue que se volvió para el trabajador el poder costear tales créditos de vivienda, muchos lo perdieron todo) se tornó en un desalmado empobrecedor del mexicano.
Y en 1946 nace el RIP, partido autoritario, arbitrario y desgraciado.
La historia de esos weyes -y vacas- no se las tenemos que contar a alguien que tenga más de 30 años de vida.
Luego vino “La Docena Trágica” los dos sexenios de los panuchos, con un orate mariguas y luego con “El Tomandante Borolas” (FeCal), ese que se puso a trabajar pa´ unos malitos, jodiendo a todos los demás y nada más volviendo en una pesadilla diaria y eterna, la vida de todos los mexicanos.
Fueron 12 años de montajes criminales, de falsedades, de repartir el queso entre los amigos, de ofrecer los emporios al mejor postor, fueran extranjeros o nacionales, todo ese cuerno de la abundancia llamado república mexicana se quedó en manos de unos cuantos, entre priístas y panistas (que luego firmarían su sucia sociedad, su cochino amasiato).
Y LUEGO, LOS DE AHORA
Así llegamos a los tiempos modernos, el incipiente momento de los Morenos, los de hoy.
Dijimos al principio de esta colaboración que el 75 por ciento de los mexicanos están con ellos, pues bien, nos quedamos cortos, porque las últimas mediciones dicen que hasta un 77 y 80 por ciento están con ellos, los aprueban.
Y lo expresan muchas casas especialistas, encuestadoras, empresas medidoras, al servicio de los propios enemigos del gobierno, creadas o que trabajan para los adversarios de esta la llamada 4T o Cuarta Transformación.
Que si son buenos, o son malos, de eso no vamos a hablar, porque simplemente es muy pronto para medirlos, pero si de mediciones se trata, diremos lo siguiente sobre lo que se tiene registrado.
Claudia Sheinbaum alcanzó picos altos del 80 por ciento de aprobación popular (radioformula.com, quadratin.com.mx y demoscopia digital).
Otro dato tomado de internet, dice que el apoyo sigue siendo más sólido en los grupos que históricamente han acompañado al proyecto la 4T.
Entre quienes reciben programas sociales, la aprobación alcanza el 79 por ciento, mientras que entre quienes no los reciben es del 66 por ciento la aprobación.
El 75 por ciento de las mujeres y otro 75 porcentual entre personas con educación preparatoria o menos, están con ella.
¿Y por qué tal preferencia? ¿Será porque los programas de bienestar fueron elevados a rango constitucional y ya no los puede tumbar nadie?
Hablamos de becas, pensiones y apoyos al campo.
Y que para este 2026, se ha elevado el presupuesto a los programas sociales, se ejercerán 987 mil 160 millones de pesos, un 18 por ciento más que en el 2025.
Como decimos en mi pueblo ¿A ver con que nailon le ganan esa a los guindos? Nos referimos a las elecciones del 2027 y luego a las del 2030.
Eso, estimados lectores, es darle el dinero al pueblo y no medios kilos de arroz con piedras, ni frijoles con gorupos.
Eso es saber que la lanita repartida entre los de abajo es lo que debe ser en todo país y que sea como sea, redunda y reditúa, hasta en lo político y en la estima.
Feliz domingo, feliz año nuevo y feliz todo para todos.
