Hola, ¿qué tal, querida familia, amigos y lectores? Les saluda su amiga, la Maestra Diana Alejandro. Como cada semana, les doy la bienvenida a este espacio de Aula Abierta, un lugar para reflexionar juntos sobre lo que ocurre en nuestras escuelas y cómo las decisiones que se toman —o se dejan de tomar— impactan directamente en la educación de nuestros alumnos. Hoy quiero platicarles de un tema que pocas veces se discute con claridad, pero que es fundamental para el buen funcionamiento de cualquier institución educativa: el uso correcto del recurso.
Cuando hablamos de recurso en la escuela, no nos referimos únicamente al dinero. Hablamos también del recurso administrativo y del recurso humano, es decir, del personal. Los tres están profundamente relacionados y, cuando uno falla, el impacto se siente en el aula.
Empecemos por el recurso económico. Cada peso que llega a una escuela tiene un propósito: mejorar espacios, adquirir materiales, garantizar seguridad, apoyar procesos educativos. Cuando ese recurso se utiliza de manera adecuada, se nota: aulas dignas, equipos funcionales, materiales disponibles y una comunidad escolar que avanza. Pero cuando el recurso se usa sin planeación, sin prioridades claras o sin transparencia, el daño no es administrativo, es educativo, porque lo que se deja de atender siempre termina afectando a los alumnos.
Luego está el recurso administrativo, ese que muchas veces parece invisible, pero que sostiene toda la estructura escolar. Una escuela bien administrada no es la que llena más formatos, sino la que organiza, planea, da seguimiento y toma decisiones oportunas. Cuando los procesos administrativos son lentos, desordenados o desconectados de la realidad escolar, se generan vacíos: retrasos, duplicidad de funciones, trámites interminables y, lo más grave, decisiones que no responden a las verdaderas necesidades de la escuela.
Y no podemos dejar fuera el recurso más valioso de todos: el recurso humano. El personal docente, directivo y de apoyo no es un número ni una plantilla; son personas con perfiles, capacidades y responsabilidades específicas. Cuando el recurso humano se distribuye mal, cuando hay exceso en un área y carencia en otra, cuando se asignan funciones sin considerar perfiles o cuando se normaliza la falta de personal, la escuela se desequilibra.
Aquí vale la pena hacernos una pregunta sencilla pero profunda:
¿Estamos usando los recursos para resolver problemas reales o solo para cumplir con procesos administrativos?
Porque una mala administración del recurso económico puede dejar aulas sin equipamiento; una mala gestión administrativa puede retrasar decisiones clave; y una mala distribución del personal puede dejar grupos sin atención, escuelas sin liderazgo o funciones duplicadas que desgastan a quienes sí están trabajando.
En educación, el recurso mal utilizado no se recupera fácilmente. El dinero mal invertido no siempre vuelve. El tiempo administrativo mal gestionado se pierde. Y el desgaste del personal mal distribuido genera cansancio, desmotivación y, en algunos casos, abandono. Todo eso impacta directamente en el aprendizaje y en el clima escolar.
Administrar bien no es un acto burocrático, es un acto de responsabilidad. Significa priorizar, transparentar, evaluar y corregir cuando algo no está funcionando. Significa entender que los recursos no son infinitos y que cada decisión cuenta. Y, sobre todo, significa tener claro que el centro de toda administración escolar debe ser el alumno.
Cuando el recurso se usa correctamente, la escuela avanza. Cuando se usa mal, se detiene. Y cuando se normaliza el mal uso del recurso, se pierde el rumbo.
Para cerrar, como cada semana en Aula Abierta, nos muestra que cuidar los recursos en la escuela no es solo una obligación administrativa, es un compromiso ético. Cada peso, cada trámite y cada persona cuentan. Si queremos escuelas fuertes, necesitamos decisiones responsables, planeación consciente y una administración que entienda que su razón de ser es apoyar el aprendizaje.
Los invito a reflexionar durante la semana:
¿Estamos usando los recursos de nuestras escuelas de la mejor manera posible? ¿Qué decisiones administrativas están impactando positiva —o negativamente— el aprendizaje de nuestros alumnos?
¿Qué opinan? ¡Me encantará leer sus comentarios y abrir diálogo en comunidad!
Gracias por acompañarme una vez más en esta reflexión.
Con cariño a mis lectores.
Dra. Diana Angélica Alejandro Alemán
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