AUNQUE HUBO SALDO BLANCO en cuanto a los festejos del Año Nuevo, en las horas siguientes Nuevo Laredo registró algunos percances para comenzar el año con un debate social sobre la supervisión de los menores que circulan en cuatrimotos, todo esto derivado del tremendo accidente en el que resultaron lesionados cinco menores, uno de ellos con la amputación de uno de sus pies y una persona con un grave traumatismo craneoencefálico, es decir, un tremendo golpe en la cabeza.
Esta Navidad -como muchas otras- en la ciudad, muchos menores tuvieron como regalo uno de estos vehículos motorizados de cuatro ruedas, que ofrece mucho menos protecciones que un automóvil, pero que de alguna manera se considera apta para niños, como si fueran juguetes, y aunque de alguna manera estos están pensados para pasear en el campo, donde ya representan riesgos, aunque no tan severos, en Nuevo Laredo, circulan a gran velocidad entre las calles y el tráfico.
Circular en estas cuatrimotos en un día como un 1 de enero, en que muchos tienen asueto, se suman riesgos como el usual tráfico de personas “amanecidas”, y aunque utilizar esas motocicletas un día cualquiera ya supone una serie de peligros, la mañana posterior a un festejo tan relacionado al alcohol, eleva sin duda las posibilidades de un percance.
Esto no quiere decir que en el incidente de los cinco menores haya estado involucrado un conductor amanecido -que de hecho huyó de la escena- o que los jóvenes tripulantes de la cuatrimoto no fueran precavidos; sin embargo, el simple hecho de que un niño de apenas 8 años perdiera uno de sus pies y que una pequeña resultara con un traumatismo craneoencefálico, fue más que suficiente para generar un debate sobre las circunstancias, incluyendo tiempo y lugar adecuados, para que personas que no han cumplido la mayoría de edad, puedan disfrutar de una actividad de esta naturaleza con el mínimo posible de riesgos.
