PASADIZO SECRETO

Mercado Maclovio Herrera, de artesanal a comensal

Escrito en OPINIÓN el

En el centro de Nuevo Laredo comercialmente hablando, el turismo ya no busca lo mismo que hace cincuenta años, por esto, quizás ya sea el momento de considerar el pasar al menos el Mercado Maclovio Herrera de artesanal a comensal.

Muchas décadas han pasado desde que esta frontera vivía principalmente del turismo norteamericano, de veteranos de guerras recién concluidas, de pensionados que cruzaban, de esos que venían a derramar su dinero buscando diversión, adquiriendo productos novedosos, muy mexicanos.

Y que, por esto mismo, infinidad familias emprendían ese tipo de negocios que satisficieran las necesidades, los gustos de esos extranjeros que venían a este lado de la frontera mexicana, observando y muy bien lo que este tipo de visitante prefería, el adquirir mexicanidad a través de distintos productos artesanales.

Así, la avenida Guerrero desde donde inicia hasta muy al sur, las macetas, los artículos de forja, así como infinidad de adornos, figurillas hechos de barro o yeso, predominaban en las banquetas, en los locales de aquellos antiguos comerciantes.

Recordar que el “gringo” por igual venia en busca de otro tipo de cultura, la culinaria, por lo que, al recorrer esta ciudad, se dejaba llevar y de inmediato por esos guías de turistas que bien los direccionaban a los restaurantes.

Así y en esos lugares los visitantes unos acompañados de amigos otros muchos con toda su familia, llenaban esos espacios para degustar atractivos platillos y bebidas refrescantes, complementado con esos agradables espacios muy típicos de esta frontera.

Cierto, el chal, cuadros y adornos para las damas, el sombrero muy mexicano, el jorongo para los hombres, así como los monos de yeso o armaduras en lamina entre muchos otros eran los preferidos de los visitantes norteamericanos. Y para los niños el yoyo de madera, el colorido balero, los títeres con representaciones de borrachitos o cantinflescos cumplían con la diversión de aquellos tiempos, y para las niñas las muñecas de hilo tejido, esa colorida blusita de manta muy estampada.

Sí, todos esos atractivos productos que en otras épocas muy bien que se apreciaban; pero desafortunadamente hoy la poca o lenta colocación de este tipo de talento artesanal, confirma que ya no son tan atractivos como en aquellos años.

En fin, una larga lista de artículos manuales que por lo mismo esos negocios que los ofertaban se les conocían como tiendas de artesanías, “curios shop”, o tienda de curiosidades, sitios que ante la ola de turismo eran muy concurridas, apreciadas. Pero el tiempo no perdona y todo aquello con el paso del tiempo no precisamente termina, sino que pasa la estafeta a esa nueva intención del visitante, el de adquirir diversión complementándolo con la alimentación.

Entonces y con esta apreciación, se podría considerar que al menos el Mercado Maclovio Herrera ya debería de cambiar su formato de negocio, abriendo espacios a restaurantes de muy buena calidad, complementándolos con espectáculos si muy mexicanos de danza, teatrales o música, por igual lleno de ese atinado humor.

Desplazando y aunque con tristeza esas tiendas de curiosidades que aún persisten, que se niegan a cambiar, pero reconfortándose en que dicho cambio traería no tan solo ese nuevo turismo ávido de cosas novedosas, sino de esa deseada economía local.

Es de reconocer la visión de esas familias de otras épocas que tuvieron a bien invertir en esos negocios de curiosidades, comercios que por muchos años se mantuvieron con buen nivel de compra, sin embargo, se tiene que entender que eran atractivos sí, pero que con el paso del tiempo la economía y los gustos se reitera, ya no son los mismos.

Hoy quizás los hijos, hijas, nietos o nietas de aquellas familias de comerciantes que procuraron el Mercado Maclovio Herrera con sus negocios y que aún están al frente administrándolos, sientan esa nostalgia y estén renuentes de cambiar de giro comercial.

Pero deberían dejar a un lado esas nostalgias y tener la misma visión como una señal de que las cosas que crearon sus familiares, por igual subsisten, aunque con cambios al ser ya otra época, al ver que ya no es lo mismo lo que busca este nuevo turismo.

Ojalá que algún día no muy lejano, los locatarios del Mercado Maclovio Herrera logren entender lo que a simple vista están viendo, esa urgente necesidad de darle un nuevo rostro y aspecto a ese espacio comercial, así logren el hacerlo mucho más atractivo a través de esa atinada decisión, pero ahora a través de la alimentación.