Benito Juárez es sin duda la figura presidencial más emblemática de México. Al menos dos razones lo explican: lideró al país en momentos muy complicados de nuestra historia, que fueron la separación de la Iglesia del Estado mediante las Leyes de Reforma que motivaron una guerra civil (1857-1861); y encabezó la defensa de la soberanía de México ante el expansionismo de Estados Unidos y ante la segunda intervención francesa (1861-1867).
Al conmemorar el 219 Aniversario del natalicio de Benito Juárez, vale la pena reflexionar sobre las condiciones en las cuales este prócer de la patria realizó la titánica tarea de consolidar el Estado mexicano y preservar la independencia del país ante los voraces ataques de las potencias extranjeras.
En medio de la Guerra de Reforma, Juárez enfrentó la embestida expansionista de Estados Unidos que propuso la compra de más territorio mexicano a cambio de otorgarle el reconocimiento de gobierno. Estados Unidos por conducto de Robert McLane, representante del presidente James Buchanan, quería adquirir al menos la península de Baja California y hacer efectivo el derecho de libre tránsito por el Istmo de Tehuantepec, contemplado en el artículo VIII del Tratado de La Mesilla.
Para Estados Unidos era una necesidad estratégica comunicar su costa Este con la costa oeste por un camino proyectado originalmente como ferrocarril en el Istmo de Tehuantepec. El comercio entre sus costas y el movimiento de tropas, simplemente no podía realizarse a través del Estrecho de Magallanes. En 1914 el Canal de Panamá le solucionó ese problema.
Para evitar una nueva amputación del territorio mexicano, Juárez comisionó a Melchor Ocampo para negociar un tratado que sustituyera al Artículo VIII del Tratado de La Mesilla, pero que no implicara pérdida de más territorios del norte del país. El resultado fue el Tratado McLane-Ocampo, en el cual, a cambio de salvar la integridad territorial, se permitía a perpetuidad, lo que ya se había otorgado en el Artículo VIII de tal tratado: el libre tránsito por el Istmo de Tehuantepec. Concedía también libertad de paso a ciudadanos y tropas estadounidenses de Guaymas a Nogales y de Mazatlán a Matamoros.
En ocho meses de negociaciones, Juárez intentó incorporar al tratado una alianza militar para desincentivar los amagos de las potencias europeas, a sabiendas de los planes de Francia para apoderarse de México. Por el temor a una guerra con Francia o con Inglaterra que tenían intereses en México, Estados Unidos no aceptó incluir la alianza militar con México. McLane en cambio, aceptó cláusulas de libre comercio incluidas en casi todos los tratados firmados por México con las potencias europeas.
El Tratado McLane-Ocampo se firmó en el puerto de Veracruz el 14 de diciembre de 1859. Fue sometido a la ratificación del Senado de Estados Unidos en 1860, pero afortunadamente para México, en el Senado prevaleció la visión aislacionista y proteccionista que ha caracterizado a Estados Unidos desde su nacimiento y que resurge hoy en día con los aranceles. Fue así que, para conservar su control del comercio exterior y su seguridad frente a Europa, el Senado de Estados Unidos rechazó el tratado.
En 1860 ya con grandes diferencias entre los estados del norte y del sur, Estados Unidos vivió las campañas y la elección que llevaría a la presidencia a Abrahan Lincoln. Esa situación y el inicio de la guerra civil el 12 de abril de 1861, dejaron atrás el nuevo intento expansionista estadounidense a expensas de México.
Pero mientras Estados Unidos vivía su guerra civil (1861-1865), México fue invadido por las tropas de Napoleón III. Las tropas mexicanas al frente del General Zaragoza, detuvieron y derrotaron a los franceses en las afueras de Puebla el 5 de mayo de 1862. Francia buscaba apoderarse de México para asegurar el control de sus posesiones en el Caribe y apoyar a los estados confederados.
Fue por ello que Napoleón III envió refuerzos a cargo del general Federico Forey a quien en su carta de instrucciones comunicó que esta segunda fuerza invasora era para prevenir la consolidación de Estados Unidos como potencia; para proteger sus posesiones en las Antillas; y garantizar el acceso a los recursos naturales de una región que alimentaba las fábricas y reforzaba el comercio francés. Foley ocupó México y se instauró un imperio encabezado por Maximiliano de Habsburgo.
Cuando los refuerzos franceses llegaron a México, obligaron a Juárez a refugiarse en el norte del país. Sin ayuda de Estados Unidos, con una estrategia de guerra de guerrillas Juárez enfrentó a los invasores hasta derrotarlos y expulsarlos del país. Maximiliano fue fusilado en Querétaro el 19 de junio de 1867. Juárez hizo su entrada triunfal a la Ciudad de México el 15 de julio de ese año, restaurando la República.
Juárez nos enseñó que, incluso en las peores condiciones, el pueblo mexicano es capaz de defender con dignidad a la nación, ante abusos y acosos de potencias extranjeras.
Esa defensa de la soberanía mexicana le valió el reconocimiento de países latinoamericanos, entre ellos, el de República Dominicana, país que el 11 de mayo de 1867 lo proclamó “Benemérito de la América”.
Ante un nuevo embate externo, ahora en materia de aranceles, la presidenta de México, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, ha expresado con firmeza que con Estados Unidos cooperación y coordinación sí, subordinación nunca. Somos vecinos y socios estratégicos, pero la soberanía y la dignidad de México, no están en venta.
*Cónsul General de México en Laredo, Texas.