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¿Pagar o llegar más rápido?

Escrito en OPINIÓN el

La semana fue de filas kilométricas en la carretera, también en los puentes internacionales, pero en esta ocasión vamos a concentrarnos en lo de la Monterrey-Laredo, específicamente en uno de sus aspectos.

Ayer las filas en el área de las casetas de cobro de Sabinas no tenían que ver con algún accidente ni obras que redujeran los carriles disponibles, sino con una situación recurrente que en teoría suele tener un arreglo relativamente sencillo, pero que aún así, es un problema recurrente que además le resta mucha utilidad al propósito de una carretera de cuota, que es el de transitar con mayor rapidez.

Ya sea por una cuestión de falta de personal para operar la totalidad de las casetas o problemas con su sistema, pero principalmente la primera; representa una situación que con una logística adecuada, puede mantenerse la operatividad de manera óptima e ininterrumpida, pues si bien el factor humano siempre tiene un margen de falla, en el sentido de que alguno de los empleados pueda faltar por razones de salud o alguna otra cuestión; tener siempre disponible un protocolo de reemplazo es crucial, especialmente en una vía tan importante para el comercio binacional.

Si bien uno de los propósitos de la carretera de cuota es brindar mayor comodidad con respecto a la vía libre, con más carriles, etc., para muchos el otro aspecto es incluso de mayor importancia; se trata de poder circular con mayor rapidez -dentro del límite de velocidad- y de manera fluida, ya sea para el movimiento de mercancías o simplemente la conectividad propia de los negocios.

Lamentablemente ese propósito de la fluidez se pierde con las filas de las casetas, pues esa breve escala que usualmente puede ser de uno o dos minutos al detenerse a pagar el peaje, ayer fue de más de media hora, por lo que este sábado fue más conveniente utilizar la Libre para los traslados de todo tipo, a pesar de la inconveniencia de tener solo un cuerpo para los dos sentidos y todo el tráfico que este tiene, así como la peligrosa dinámica de rebasar en esa vía.

Dentro de esa reflexión surge la pregunta: “entonces, ¿para qué pagar?”, y la verdad es que es un cuestionamiento muy válido en estas circunstancias, pues al menos ayer esto significaba llegar al menos media hora después para quienes gastaban en peaje, con respecto a quienes se ahorraron tiempo y dinero al utilizar la libre.