Desde el 1 de enero, los cigarros y refrescos -que en el norte llamamos “sodas”- tendrán un aumento del 20 por ciento por la entrada en vigor de los llamados impuestos saludables, aunque algunos comerciantes dijeron “¿para qué esperar?, mejor de una vez” y aplicaron ya el incremento.
A lo largo de la historia con los incrementos que hemos observado, queda claro que por más enojo que cause subirle el precio a los vicios, alcohol, cigarros, y ahora que están considerando las bebidas -gaseosas- saborizadas, la gente termina por acceder sin necesidad de negociar, mientras que en temas de productos básicos la historia es otra.
Por ahora, de manera general el incremento de los cigarros anda entre 15 y 22 pesos, según la marca; por ejemplo, las múltiples versiones de Pall Mall en cajetillas de 20 unidades costarán desde el jueves, 96 pesos; los Lucky Strike, 103 pesos; mientras que otras marcas de British American Tobacco México se mantendrán entre 53 y 87 pesos.
Los Benson & Hedges, costarán 106 pesos; los Marlboro rojos, 103 pesos, aunque otras versiones podrían costar unos 106 pesos, por mencionar algunos ejemplos; claro, tenemos que insistir en que estos precios podrían variar por sucursal, marcas, etc., pues no es lo mismo comprar en una tienda de conveniencia a la vuelta de su casa, que en un aeropuerto.
De alguna manera, los aumentos durante el arranque de año no son novedad, sino una constante que se acepta como parte de los ajustes por la inflación y otros fenómenos que impactan la economía; sin embargo, suelen ser graduales y en el caso de estos productos será algo drástico.
La pregunta que nos hacemos muchos es sobre si estos incrementos reducirán el consumo, o si sólo recaudarán más a costa de quienes tienen el hábito o vicio de fumar, tomar alcohol o bebidas azucaradas en exceso.
