SOPA DEL DÍA

Dirigentes del PAN ciegos, no ven lo obvio

Escrito en OPINIÓN el

Tranquilos. No pasa nada. De verdad. Respiren hondo, dicen los dirigentes que se apropiaron del PAN, ese partido que fue un orgullo en la época de Maquío, o de Gómez Morín, su fundador.

La actual dirigencia del PAN acaba de nombrar a Francisco García Cabeza de Vaca como su representante en América del Norte y, si a usted le brinca algo en el estómago, el problema es suyo, dirán ellos. No del PAN. Mucho menos de la realidad.

Porque, nos dicen sin el menor pudor, que aquí no hay que confundir las cosas. Que no importe que el exgobernador de Tamaulipas sea señalado por presuntos delitos graves. Que no pese que esté prófugo de la justicia mexicana. Que no distraiga que existan denuncias por huachicol fiscal, delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita o defraudación fiscal equiparada. Todo eso es ruido. Detalles. Malentendidos.

Lo importante, nos explican con paciencia pedagógica, es que no hay sentencia. Y mientras no haya sentencia, la memoria debe borrarse, el contexto debe diluirse y la dignidad política debe suspenderse “hasta nuevo aviso”.

Así funciona la nueva ética partidista:

si no hay condena, no hay problema.

si hay acusaciones, no hay urgencia.

si hay sospechas, hay ascensos.

Y si a usted le parece extraño que un partido que dice defender el Estado de Derecho coloque como su emisario internacional a alguien perseguido por la justicia, quizá es porque no ha entendido el concepto moderno de representación política: no se representa a un país, se representa a un partido… aunque el costo sea la credibilidad.

El vocero de Morena lo dijo sin rodeos: el PAN no sólo arropa a un prófugo, sino que lo presenta como carta de presentación en Norteamérica.

El propio dirigente panista fue claro: el PAN defiende a los panistas. Faltaba más. La frase es honesta, casi conmovedora. No habla de legalidad, habla de lealtad. No promete verdad, promete respaldo. No ofrece explicaciones, ofrece filas cerradas.

Y ahí está el fondo del asunto.

No se trata sólo de una persona. Se trata del mensaje. De lo que se normaliza. De lo que se premia. De lo que se exporta simbólicamente cuando se manda a alguien a “representar” al partido ante Estados Unidos, o Canadá, mientras en México enfrenta denuncias.

La política, cuando pierde el pudor, intenta convencernos de que somos exagerados, malpensados o injustos. Que lo raro es señalar, no nombrar. Que lo problemático es preguntar, no designar. Que el cinismo es madurez.

¿Usted, querido lectora y lectora, qué opina?