PASADIZO SECRETO

Del Cha Cha Cha al Go Go

Escrito en OPINIÓN el

La historia musical en México ha sido tan extensa como el tiempo mismo, variada, para todo gusto, ante ese fenómeno se puede entender que el comportamiento de cada persona con estos ritmos va casi de la mano, de generación en generación, del Cha cha cha al Go go.

Por esto es que quizás los ritmos que escuchaban los padres, los abuelos, tatarabuelos no sea tan diferente al de hoy, pues a cada cambio de ritmo por supuesto que el desacuerdo o el gusto surgía al momento.

De ninguna manera se pretende hacer una historia paso a paso y continua de cómo se ha vivido o sentido en todo el territorio mexicano la música, sino más bien, el entender cómo se percibieron estos cambios, como es que la sociedad misma, las familias, los hombres y mujeres aceptaban unos ciertos géneros musicales, pero otros los rechazaban totalmente por su “modernidad” o atrevimiento al momento.

Cierto es que los “jóvenes” abuelos de hoy, en su momento constataron lo que en sus hogares la gente mayor disfrutaba como música, sin embargo, dentro de esos temas musicales había algo que aun como niños o niñas no se entendía.

Si, eran esas letras llenas de palabras confusas, nada usuales, para adultos, muy poco mencionadas en el hogar, pero que a modo de ritmo entraban a cada casa, aunque no a todas, pues ante esas familias puritanas por supuesto que otro tipo de música se hacía escuchar.

Entonces Agustín Lara el “flaco de oro” hacÍa sonrojar a cualquier mujer con su canción “Aventurera”, otras se avergonzaban por el contenido tan directo y en contra de la mujer destinada a vender caro su amor, tal y como decía aquella melodiosa canción.

Y para rematar se hacía popular la Sonora Santanera con canciones por igual que hablaban de mujeres cabareteras como “Luces de Nueva York” o aquella populosa “Amor de Cabaret”, que se entendía eran las que acudían a aquellos famosos cabarets, por igual en contra de esas mujeres de la vida nocturna, canciones que el tan solo tararearlas en el hogar provocaban un escándalo.

Pero también escucharon ritmos más alegres, con mucho mas movimiento, pero menos agresivos en sus letras, así el Cha cha cha a través de las películas se volvía pegajoso, agasajado con cómicos del momento como ese “Resortes” como bailarín, los nombres de las canciones por igual eran más aceptadas como aquella famosa de “Los Marcianos llegaron ya”, “El Bodeguero” con su toma chocolate y paga lo que debes.

 El Danzón movía sentimientos de pulcritud y elegancia, los mexicanos y las mexicanas se reencontraron con este tipo de arte al bailar “La Negra”; ese musical danzonero no respetaba edades y a todos hacia bailar al mero estilo “Salón México”, aunque muchos no lo entendieran o no supieran en un ladrillo bailar.

Por supuesto que muchos géneros musicales han movido a México, pero el que realmente se recuerda mucho y porque en las fiestas no podría faltar ese ánimo, esas ganas de arrastrar el huarache, fue la música de aquel inolvidable cubano llamado Dámaso Pérez Prado, si con sus pegajosos mambos, de estos ¿Cuál le mueve el recuerdo a usted? “El Mambo No. 5”, “Que rico mambo”, “El Mambo Lupita”, “El Ruletero”.

Mención aparte el Jazz con la Orquesta de Luis Arcaraz, el Rock and Roll con Luis “Vivi” Hernández y otros más sesenteros que en “bola” entraban en versión copia mexicana del estilo comercial estadounidense.

El romanticismo convertido en bolero arrejuntaba nuevas parejas, los tríos como Los Panchos con “Sin ti”, “Contigo” abrían las puertas a ese estilo, Álvaro Carrillo con “Sabor a mí”, “Amor mío” y “La Mentira”, promovía un sinnúmero de matrimonios.

Y la alegría de Mike Laure movía a la gente con sus pegajosas canciones que no faltaban en las Navidades o Años nuevos y en cada fiesta con su “Rajita de Canela”, “La cosecha de mujeres”, “Tiburón a la vista” o aquella canción del “039” que la raza del barrio cantaba y con mucho sentimiento a todo pulmón.

Cierto es que a muchos este repaso artístico lleno de grupos, de orquestas, de tríos, solistas, boleristas, jazzistas, cumbianderos, rocanroleros, mamberos, danzoneros entre tantos otros géneros con tan solo mencionarlos son recordados, abren paso al tiempo, a esas vivencias, por lo mismo el recuerdo de esa letra musical, de ese requinto, de esa melodiosa canción, de esa voz inolvidable a través de los tiempos persiste.

Ante todo esto, curioso es que lo que como música se ha escuchado a través de las décadas en la radio, lo que se veía en esas nacientes televisiones, lo que disfrutaba en el teatro, en los salones de bailes, porque no y hasta en las mismas cantinas, plazas, en esa gigantesca pantalla del cine aun con nostalgia se recuerdan, se tararean, se silban melodiosamente, se cantan sin perder ni una estrofa.

Con esto no queda duda de que cuando la música es interpretada, ejecutada con todas las técnicas y armonías suficientes y correctas triunfa, perdura a través de las décadas, más cuando el cantante o instrumentista en verdad la siente.

Pero cuando no existen técnicas de calidad como lo que se hace hoy en día, sin registros vocales como el “falsete”, “la voz de pecho”, “la voz de cabeza” y aunque momentáneamente se vuelvan populares, difícilmente y con el correr de los años serán recordadas, por hombres y mujeres tarareadas.