Si un siglo antes, en 1810, todo fue actividad patriótica y guerrera en el país por la lucha de independencia, un siglo después, en 1910, la nueva ciudad de Nuevo Laredo no se sustrajo al movimiento revolucionario. Muy apacible y tranquila transcurría la vida de los habitantes neolaredenses durante la “paz porfiriana”. Sin embargo, la efervescencia política y la vida citadina en la margen derecha del rio bravo (Laredo, Texas) eran totalmente diferentes. Allí se gestaron grupos o clubes -como se les llamaba- antirreeleccionistas, inconformes con el gobierno de Porfirio Díaz. Ya se habían dado algunos brotes de violencia y se luchaba con ardor en los alrededores de la comarca tamaulipeca y de Nuevo Laredo. Francisco I. Madero, por un lado, y Emiliano Zapata, por otro, eran los nuevos paladines del segundo movimiento revolucionario mexicano.
Nuevo Laredo conoció varios incidentes desagradables, entre los cuales se destaca el ocurrido el 24 de abril de 1914, cuando fue incendiada parte de la ciudad de Nuevo Laredo, por el jefe de la guarnición huertista, el general Gustavo Guardiola Aguirre. Esta acción derivó porque al tener conocimiento que la ciudad de Monterrey, N.L. había quedado en poder de los constitucionalistas y ante el temor de un enfrentamiento con las huestes carrancistas, Guardiola evacuó la plaza de Nuevo Laredo, no sin antes de abandonarla, en un acto de barbarie, incendió la ciudad. Después de tan funestos hechos, las fuerzas de este militar se dirigieron a Saltillo, Coahuila.
Esta acción, según la conseja popular, la decidió el citado militar mientras se encontraba en estado de embriaguez, y como resultado fueron quemados edificios públicos, escuelas y algunas casas de las familias principales de Nuevo Laredo. El Palacio Municipal perdió sus archivos en ese incendio. Otras versiones señalan que ciertos individuos tenían interés en desaparecer algunos papeles que se encontraban en ese archivo y por tal razón se destruyó la fuente primaria del nacimiento e historia de la ciudad. De aquel antiguo, venerable e histórico edificio y su interesante documentación de siglo y medio no quedó nada. Por los estragos de esa funesta acción Nuevo Laredo en cierta forma quedó en ruinas.
Por tal motivo, la historia del Palacio Municipal se ha desarrollado en diferentes inmuebles, pues ha tenido seis casas. “Pero la revolución es la revolución”.
Aunque el anterior acontecimiento y otros más marcaron la vida de la población neolaredense y su ciudad que quedó devastada, la fortaleza y ánimo de sus habitantes para reconstruir Nuevo Laredo no se hicieron esperar. Dignos de tomarse en cuenta fueron aquellos hombres que se dieron a la tarea de hacer surgir de las cenizas, de nueva cuenta, su entrañable ciudad.
Si hubo en Nuevo Laredo algunas manifestaciones reeleccionistas, es decir a favor de don Porfirio Díaz, también las hubo antirreeleccionistas, llevadas a cabo en un ambiente de paz y tranquilidad. Los ánimos nunca se exaltaron durante el año de 1910, de tal manera que dichas manifestaciones fueron tan comunes como en otras partes de México, sólo que aquí “no llegó la sangre al río”, por el momento.
El grupo reeleccionista fuerte era el “Porfirio Díaz”, que invitaba a los ciudadanos de Nuevo Laredo a unírseles a las fiestas cívicas.
Gran contingente reunió la noche del lunes del 20 de junio de 1910 la convocatoria que hiciera el licenciado Amado González y don Manuel Cisneros, quienes tomaron la palabra y con exaltada oratoria invitaban al pueblo a unirse a favor de la reelección de don Porfirio Díaz. La banda de música municipal ejecutó algunas piezas frente al hotel Zaragoza y a las 8 de la noche, hicieron su marcha que partió de la calle Hidalgo a la altura de la avenida Camargo, recorriendo varias de las calles principales, y terminando su mitin en la plaza Juárez, frente al palacio municipal, que se ubicaba en la calle Victoria y avenida Ocampo contra esquina del templo del Santo Niño, y todo ello bajo los acordes musicales de la banda municipal.
Los simpatizantes de la democracia no se quedaban atrás, y aunque menos favorecidos que los otros en cuanto a gente, dinero, música, regalos y bailongos, habían formado el Club Maderista o Partido Maderista. De este club en Nuevo Laredo, el periódico del 20 de junio de 1910 informó:
Este club fue el primero en presentarse organizado en el campo de la política, la voz enérgica y viril de los neolaredenses se dejó oír tan pronto como se divulgó el hecho de que, según el nuevo régimen el pueblo podía ejercer el derecho del “sufragio libremente”. Ahora los ciudadanos de Nuevo Laredo estudian detenidamente a sus actuales funcionarios y parece que algunos no dan satisfacción de ser buenos elementos en el gobierno, así, ellos solos se cortan las alas políticas y no vuelven a tener el voto popular para puesto público.
La arrogancia y la tiranía con que se había tratado a los ciudadanos, al pueblo, tendría que desaparecer, era lo que esperaban los del Partido Maderista y sus correligionarios.
En 1910, el Club Reeleccionista postuló al señor Manuel Cisneros candidato a diputado para el congreso nacional por el distrito de Nuevo Laredo. Gozaba don Manuel de buena reputación entre los pobladores de la ciudad, aunque luego se mudó de esta población y no se volvió a saber nada de él y de su familia. Su trayectoria era conocida de todos como de persona respetable y de pundonor; en tan poco tiempo que vivió en esta ciudad se le conoció como hombre íntegro, culto e inteligente, y que además conocía a fondo las necesidades de Nuevo Laredo y del estado. La curul por Tamaulipas y Nuevo Laredo se la tenía “bien merecida”, según decían sus seguidores.
En ese año de elecciones de 1910, que no sólo fueron de elecciones sino también de reelecciones, se celebraba el aniversario del primer centenario de nuestra independencia nacional. Y para celebrar tan glorioso acontecimiento en Nuevo Laredo, se nombraron las comisiones para los preparativos.
De tal manera que estas comisiones, ya estuvieran a favor del régimen del señor Díaz o no, tomaban el nombre de clubes. Citamos algunos de los más destacados de Nuevo Laredo:
Club independiente. Se fundó el 15 de enero 1892 en ciudad Laredo, hoy Nuevo Laredo, con el objeto de “uniformar la opinión pública” sobre las elecciones presidenciales que se verificarían ese año. Fungieron como presidente del club el Dr. Juan F. De la Garza y como secretario el Lic. Rosendo Valdez.
Otro club político a favor de la reelección del general Porfirio Díaz en la presidencia de la república fue el club político de Juan José de la Garza, que el 2 de marzo de 1895 realizó en ciudad Laredo una gran manifestación en apoyo al general Díaz.
También hubo otro grupo denominado Club Melchor Ocampo, una asociación política de Nuevo Laredo, que tuvo representación en el gran congreso liberal reunido en San Luis Potosí el 5 de febrero de 1901. Su delegado fue el Lic. Amado González.