CAEN 87.42% DESDE 2024

Se desploman deportaciones por Nuevo Laredo

La realidad se estrella de frente con las promesas del presidente estadounidense, Donald Trump, de realizar las expulsiones más masivas de la historia

Escrito en NUEVO LAREDO el

A poco más de un año de que Donald Trump asumiera nuevamente la presidencia de los Estados Unidos bajo la promesa de ejecutar las “mayores deportaciones masivas en la historia”, la realidad en esta frontera contradice el discurso de Washington.

Lejos de verse inundada por connacionales retornados, Nuevo Laredo registra un descenso drástico en su actividad de recepción. Al cierre del primer trimestre de 2026, las cifras muestran una disminución del 87.42% en las repatriaciones en comparación con el mismo periodo de 2024, antes de que iniciara la actual administración republicana.

El desglose estadístico del primer trimestre (enero-marzo) de los últimos tres años confirma este fenómeno de descompresión migratoria local. En 2024, bajo una dinámica fronteriza distinta, Nuevo Laredo recibió a 6 mil 029 repatriados. Para 2025, la cifra comenzó a ceder, registrando 4,442 retornos. Sin embargo, este 2026 el desplome es absoluto: apenas 758 personas han sido entregadas por las autoridades estadounidenses a través de este puerto fronterizo, marcando el nivel más bajo en años recientes para la ciudad.

Esta tendencia no es exclusiva de Nuevo Laredo, pero se acentúa en la región. Reynosa siguió un comportamiento similar, pasando de 2,968 deportaciones en los primeros tres meses de 2024 a 1,531 en 2025, para cerrar este primer trimestre con apenas 859.

No obstante, este alivio en el occidente de Tamaulipas tiene un “lado B” crítico en la zona costera. Matamoros enfrenta hoy una saturación alarmante: mientras que en 2024 recibió a 3,505 personas, este año la cifra se disparó a 13,841, un incremento explosivo del 265.58%. El sector de Brownsville parece haberse convertido en el embudo predilecto para el ICE y la Patrulla Fronteriza.

A nivel estatal, Tamaulipas vive una paradoja. Aunque Nuevo Laredo y Reynosa parecen “vaciarse”, el estado registró un repunte total tras un periodo de altibajos. En el primer trimestre de 2024 se recibieron 12,502 repatriados; para el mismo periodo de 2025 la cifra descendió a 9,759, pero este 2026 la cifra repuntó a 15,458.

Este aumento global, concentrado casi exclusivamente en Matamoros, sugiere que la administración Trump ha optado por una logística de “concentración y saturación” en puntos específicos, dejando de lado la distribución equitativa que se observaba en años anteriores.

Analistas migratorios atribuyen la drástica caída en fronteras como la de Nuevo Laredo a una combinación de factores tácticos y psicológicos. Por un lado, el uso sistemático de deportaciones aéreas directas desde centros de detención en EE. UU. hacia el interior de México ha evitado el paso de miles de personas por los puentes internacionales locales. Sin embargo, también destaca una disminución real en los intentos de cruce y, por consecuencia, en los encuentros de la Patrulla Fronteriza, que se atribuye a una postura disuasoria que ha reducido considerablemente los flujos tradicionales.

Sorpresivamente, a pesar del enorme despliegue mediático y operativo, las redadas del ICE al interior de Estados Unidos han generado una cantidad de detenciones relativamente baja en proporción con el gasto y la movilización reportada, sugiriendo que el efecto ha sido más de contención y repliegue de la comunidad migrante que de una expulsión masiva efectiva.

En el resto de la frontera norte, la situación es similar a la de Tamaulipas: una geografía de contrastes. Mientras que los sectores de Arizona y California reportan una estabilización e incluso bajas en sus puntos de recepción tradicionales, otros nodos como Ciudad Juárez mantienen flujos intermitentes que dependen enteramente de los operativos estatales en Texas.

Este mapa fragmentado indica que, a nivel nacional, la frontera de México ya no enfrenta un flujo migratorio de retorno uniforme, sino una serie de “puntos calientes” aislados, mientras ciudades históricas de paso, como Nuevo Laredo, experimentan una calma estadística sin precedentes frente a las políticas de la era Trump.