El tren de pasajeros Saltillo–Nuevo Laredo se perfila como una alternativa moderna para unir el noreste de México y, al mismo tiempo, abrir una ventana a destinos maravillosos.
Más allá del traslado entre ciudades, la línea ferroviaria permitirá al viajero descubrir paisajes serranos, zonas semiáridas, áreas metropolitanas y regiones fronterizas en un solo recorrido. El proyecto contempla un trayecto cercano a los 393.5 kilómetros, atravesando Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.
El tren que te llevará por grutas, pueblos mágicos y montañas
En su paso por estas entidades, el tren contará con 11 estaciones distribuidas estratégicamente para atender tanto a grandes centros urbanos como a comunidades intermedias.
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En Coahuila:
- Derramadero
- Saltillo
- Ramos Arizpe
En Nuevo León:
- García
- Santa Catarina
- Monterrey
- Escobedo
- Bustamante
- Lampazos de Naranjo
- Anáhuac
Mientras que el recorrido culmina en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Cada parada ofrece un contexto distinto, desde zonas industriales hasta pueblos con fuerte identidad cultural.
Coahuila y su legado histórico
El recorrido inicia en Derramadero y Saltillo, donde la capital coahuilense aporta un importante legado histórico. Su centro colonial, museos de renombre, catedral y miradores urbanos muestran una ciudad con tradición vaquera y cultural.
En Ramos Arizpe, el entorno cambia hacia áreas serranas cercanas a la Sierra de Zapalinamé, reconocida por sus senderos y vistas del altiplano, además de su cercanía con el Aeropuerto Internacional Plan de Guadalupe.
Nuevo León: modernidad combinada con grutas y ecología
Al entrar a Nuevo León, la estación de García conecta con uno de los atractivos naturales más conocidos de la región: sus grutas, formaciones subterráneas milenarias a las que se accede mediante teleférico.
El municipio también ofrece espacios recreativos al aire libre y un centro histórico con templos antiguos. Más adelante, Santa Catarina y Monterrey marcan el paso por la zona metropolitana más grande del trayecto, donde destacan parques urbanos, museos, plazas públicas y la imponente presencia de las montañas que rodean a la ciudad.
Escobedo, también dentro del área metropolitana, suma opciones de recreación con parques ecológicos y una cueva rodeada de leyendas locales.
El paisaje vuelve a transformarse al llegar a Bustamante, un Pueblo Mágico reconocido por su tranquilidad y su riqueza natural. Sus grutas, cañones, manantiales y el entorno serrano lo convierten en uno de los puntos más atractivos del recorrido, además de conservar tradiciones como panaderías artesanales y arquitectura colonial.
La ruta continúa hacia Lampazos de Naranjo, localidad con pasado revolucionario y plazas que reflejan la vida rural del norte. Sus alrededores semiáridos y formaciones rocosas ofrecen una experiencia distinta, ligada a la historia y al paisaje, además de un parque acuático turístico.
En Anáhuac, el viajero encuentra lagunas y humedales, como la Laguna de Salinillas, vinculados al sistema del Río Bravo, ideales para la observación de aves y el contacto con la naturaleza en un contexto fronterizo.
Nuevo Laredo, la ciudad más dinámica de la frontera
El destino final es Nuevo Laredo, ciudad que concentra la dinámica binacional. Su oferta cultural incluye centros culturales, museos, corredores urbanos y una intensa actividad comercial que refleja la relación cotidiana entre México y Estados Unidos. Sus puentes puentes internacionales y la cercanía con el Río Bravo refuerzan su papel estratégico.
Aunque el proyecto ferroviario contempla infraestructura y movilidad, su impacto va más allá. La combinación de ciudades modernas, pueblos históricos y escenarios naturales posicionará al tren de pasajeros Saltillo–Nuevo Laredo como una ruta con alto potencial turístico y cultural, capaz de revelar joyas del noreste mexicano a lo largo de cada estación del trayecto.
