El edificio de la Aduana Fronteriza de Nuevo Laredo, erigido como parte de la infraestructura construida durante el régimen del presidente de México Porfirio Díaz en 1887, es un elegante inmueble de ladrillo en dos niveles, que en su parte posterior recibía varios espolones ferroviarios para el manejo de mercancías de importación y exportación, en lo que se conoce como sector aduana en la localidad.
Nuevo Laredo se convirtió en la primera aduana fronteriza del noreste del país al declinar Matamoros debido a la suspensión del comercio marítimo por la boca del río Bravo y la conexión ferroviaria que tuvo con Monterrey hasta principios del siglo XX.
En 1888 el gobierno dispuso el traslado de la oficina federal del impuesto del timbre en el norte de Tamaulipas, de Matamoros a Nuevo Laredo.
Fue incendiado en abril de 1914 por tropas huertistas durante la Revolución Mexicana y reconstruido después.
En la actualidad una parte del edificio fue restaurada bajo el mando del gobierno municipal conocida como la Sala Sergio Peña como un espacio cultural; cuenta con sala de conciertos y galería de exposiciones temporales.