Sufrir un infarto en Nuevo Laredo es prácticamente una sentencia de muerte. Ni hospitales públicos ni privados cuentan con la infraestructura necesaria para atender a un enfermo grave y su única esperanza es ser trasladado a Monterrey, a más de dos horas y media de distancia y cuya carretera constantemente presenta “atorones” por accidentes y obras.
Médicos especialistas, como el cardiólogo Roberto García, advierten que la falta de infraestructura de salud en una ciudad de 420 mil habitantes es grave.
García va más allá al señalar que en ninguno de los cuatro hospitales públicos y los ocho privados cuentan con una sala de hemodinamia, que es un quirófano especial con rayos X y equipo avanzado donde se puede hacer una angioplastia, procedimiento para destapar la arteria del corazón que se cierra durante un infarto.
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“En palabras simples: Es el lugar donde te salvan la vida cuando una arteria del corazón se tapa”, publicó el cardiólogo en sus redes sociales.
Y las palabras de García se agigantan cuando da datos contundentes: en Nuevo Laredo, casi 400 personas mueren cada año por infartos y enfermedades del corazón.
Señaló que en México las enfermedades del corazón son la causa número uno de muerte. Cada año fallecen casi 190 mil personas por este padecimiento y tres de cada cuatro de esas muertes están relacionados con infartos.
Otro médico, Francisco Mejía Barrientos, del Consejo de Instituciones, señaló en numerosas ocasiones que Nuevo Laredo necesita con urgencia de un hospital de tercer nivel, con suficiente equipo, con tecnología avanzada y personal médico experto para tratar padecimientos graves y complejos que no pueden resolverse en niveles inferiores.
“El Consejo de Instituciones, como demanda ciudadana, solicita de manera muy respetuosa la construcción de un nuevo Instituto Mexicano del Seguro Social, no clínica, un hospital equipado, con infraestructura y en una buena ubicación”, solicitó Mejía Barrientos.
'En un infarto, cada minuto cuenta'
García explica que, si alguien sufre un infarto, lo ideal es abrir la arteria tapada lo antes posible para que vuelva a circular sangre. Pero como aquí no existe sala ni equipo y el paciente debe ser enviado hasta Monterrey (a más de 220 kilómetros) y eso depende de muchos factores, como el diagnóstico temprano, la disponibilidad de ambulancias y la respuesta de los hospitales en Monterrey.
“En un infarto, cada minuto cuenta. Por cada minuto sin abrir la arteria, una parte del corazón muere. Un traslado de horas puede significar la diferencia entre vivir… o no”, advirtió García.
Señaló que mientras en otras ciudades ya existe lo básico: Código Infarto, ambulancias capacitadas, salas equipadas 24/7, cardiólogos intervencionistas de guardia, en Nuevo Laredo seguimos sin siquiera una sala para abrir una arteria.
“Si somos una ciudad fronteriza de casi medio millón de personas, con la aduana más importante de toda Latinoamérica y próximamente la sede de la ANAM -Agencia Nacional de Aduanas de México-, ¿cómo es posible que Nuevo Laredo no tenga ni una sola sala de hemodinamia?", se pregunta García.
¿Cuántas muertes más deben ocurrir para que Nuevo Laredo tenga una sala de hemodinamia funcional y cardiólogos intervencionistas 24/7? No pedimos un lujo.
Ambos médicos reconocen que en Nuevo Laredo existen doctores capaces, bien actualizados, pero no hay herramientas necesarias.
