La profesión de ser médico es una de las más nobles, pues es capar de salvar vidas. La misión de los galenos es, a toda costa curar a los enfermos. A más de dos años de su sensible partida, el doctor Jesús Torres García sigue en la mente y corazones de miles de neolaredenses, a quienes siempre brindó la mejor atención.
El 15 de julio del 2020, el doctor Chuy, como le decían sus pacientes, partió de este mundo. La noticia consternó a miles de pacientes, en redes sociales, las muestras de cariño se mostraban hacia él y su familia.
No hay cansancio, no hay dolor
Tenía un lema, que por casi 40 años mantuvo, No hay cansancio, no hay dolor, para él no existía una hora de atención, pues a quien necesitara y donde fuera acudía o recibía en su consultorio, podría ser de mañana, tarde, noche o madrugada, en los kilómetros, en el poniente, no decía que no, su misión la tenía presente en cada momento poder curar a quien lo necesitara.
A mediados de los años 80 llegó a Nuevo Laredo y desde un inicio empezó su tarea, consultaba, incluso no cobraba a quien no tenía con qué pagarle. Ganó amigos muy pronto, en el área de los kilómetros todo mundo lo saludaba, los habitantes decían Hay un doctor muy bueno, es el doctor Chuy. Participó en brigadas del DIF y en su casa atendía a los enfermos.
Querido por los niños
El doctor Chuy siempre con una sonrisa, era muy querido por los niños, pues hacía que se les olvidara la enfermedad que tenía, les hacía bromas, les mostraba muñecos, hacía voces de personajes, contaba anécdotas, era un médico muy distinto, pero entregado al máximo.
En cada rincón de Nuevo Laredo el doctor Chuy sigue en la plática de las personas, quienes se encuentran con su familia comentan que era muy buen doctor y una persona muy amable.
El doctor Jesús Torres era un gran amigo, atendía con calma a las personas, no solo recetaba, incluso si él tenía el medicamento lo entregaba sin costo, si alguien no podía pagar la consulta, él decía que no se preocupara, que así lo dejara.
Sus pacientes dicen hasta la fecha, que cuando él los atendía se curaban.
El doctor Chuy trabajó 24/7 los 365 días del año. Llegó a acompañar a pacientes a bordo de una ambulancia. Dio primeros auxilios a atropellados. Atendió partos, para él no había imposibles, su misión era salvar vidas y traer al mundo a nuevos ciudadanos.
Tenía siempre un buen consejo, era alegre y un hombre sumamente inteligente, que hasta hoy, a más de dos años de su partida de este mundo sigue en el corazón de miles de ciudadanos, pero no solo de esta ciudad, sino de Houston, San Antonio, Monterrey, desde donde venían especialmente para que él los atendiera.
