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Semana Santa: ¿Cómo escoger pescado fresco, según cocineros expertos?

El consumo de productos del mar se dispara en estas fechas e identificar la frescura de los productos es fundamental para evitar problemas de salud

Descubre cómo elegir productos de calidad y seguros para tu familia. Foto: Pexels
Descubre cómo elegir productos de calidad y seguros para tu familia. Foto: Pexels
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La tradición de consumir productos marinos en Semana Santa convierte a los mercados y pescaderías en los puntos de mayor afluencia. Sin embargo, ante la alta demanda, es vital que el consumidor se convierta en un observador minucioso. Cocineros expertos coinciden en que la calidad de un buen producto depende en un 90% de su frescura.

La mirada y el color: el primer filtro de calidad

La regla de oro de cualquier chef al llegar al mostrador es observar los ojos del pescado. Un ejemplar fresco debe tener los ojos brillantes, saltones y transparentes. Si notas que los ojos están hundidos, opacos, grisáceos o con manchas de sangre, es una señal inequívoca de que el pescado lleva demasiado tiempo fuera del agua.

Una de las formas para saber si el pescado es fresco es chequear los ojos y el color de la pieza. Foto: Pexels.

Asimismo, el color de las agallas o branquias es un indicador determinante. Estas deben presentar un tono rojo vivo o rosado intenso, y lucir húmedas y brillantes. Si al levantar la tapa de las agallas observas un color café amarillento o una textura pegajosa, lo mejor es descartar esa pieza, ya que el proceso de descomposición ha comenzado.

El olfato y la textura: claves para no fallar

Existe un mito común de que el pescado "debe oler a pescado". Los expertos aclaran que esto es falso: el pescado fresco debe oler a brisa marina, a agua limpia o incluso a algas, pero nunca debe desprender un aroma intenso, agrio o amoniacal. Un olor penetrante es la forma que tiene la naturaleza de advertirnos sobre la proliferación de bacterias.

En cuanto a la textura, el tacto es tu mejor aliado. Al presionar suavemente el cuerpo del pescado con el dedo, la carne debe ser firme y elástica; es decir, la marca debe desaparecer casi de inmediato. Si el tejido se queda hundido o se siente blando y flácido, el producto ha perdido su estructura celular debido al paso del tiempo o a una mala refrigeración.

Maricos y moluscos: ¿Cómo saber si están vivos?

Si tu elección para esta Semana Santa incluye camarones, langostinos o moluscos de concha, las reglas cambian ligeramente. En el caso de los camarones, la cabeza debe estar bien adherida al cuerpo y el caparazón debe ser resistente al tacto, sin presentar manchas oscuras o anillos negros en las articulaciones.

Para las almejas, mejillones u ostiones, la clave es la integridad de la concha. Esta debe estar cerrada o cerrarse rápidamente al darle un pequeño golpe. Si la concha está abierta y no reacciona, el molusco ha muerto y su consumo representa un riesgo elevado de intoxicación.

Un producto fresco garantiza que el alimento sea seguro para la familia. Foto: Pexels.

Higiene y conservación en el punto de venta

Más allá de las características del producto, los expertos sugieren evaluar el entorno donde se compra. El pescado siempre debe estar exhibido sobre una cama gruesa de hielo limpio, preferiblemente picado o en escamas, para asegurar que la temperatura se mantenga constante entre los 0 y 4 grados centígrados.

Además, observa las manos de quien despacha y las superficies de corte. Una buena pescadería mantiene sus cuchillos limpios y evita el contacto del producto fresco con superficies que no hayan sido desinfectadas. Una vez comprado, procura que el pescado sea lo último que metas al carrito y llévalo a casa lo antes posible para no romper la cadena de frío, asegurando así una experiencia culinaria deliciosa y segura para toda la familia.