En cuestión de minutos, una caminata rumbo al trabajo se convirtió en un episodio de violencia pública. Un hombre llamado José Mario de 54 años terminó atado a un poste, sin ropa y rodeado de miradas, luego de que comerciantes del Centro de Monterrey en Nuevo León, lo señalaran como supuesto ladrón.
Los hechos ocurrieron la mañana del jueves 5 de febrero, en el cruce de Colegio Civil y Espinosa, una de las zonas más concurridas del primer cuadro de la ciudad. Pero detrás de la escena que sorprendió a peatones y automovilistas, hay una historia más compleja, la de una acusación sin verificación que desató una agresión colectiva.
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Golpeado, despojado y humillado frente a todos
El hombre, según su propia versión ante la autoridad, se dirigía a su primer día como guardia de seguridad en un comercio cercano. Antes de llegar, fue interceptado por varios sujetos. Sin intervención policial y sin pruebas confirmadas, fue golpeado y llevado al interior de un local. Ahí, de acuerdo con su relato, lo despojaron de su ropa y continuaron agrediéndolo.
Posteriormente lo sacaron a la vía pública y lo amarraron con cinta a un poste de luz, completamente desnudo. La escena fue presenciada por transeúntes en plena mañana laboral. Algunos observaron con desconcierto; otros registraron el momento con sus teléfonos.
Lo liberan tras ser desnudado y atado en plena vía
Elementos de la Policía de Monterrey acudieron tras recibir el reporte y liberaron al hombre. Los datos oficiales indican que no cuenta con antecedentes penales ni detenciones previas. Tras ser auxiliado, fue trasladado para recibir atención médica y asesoría legal con el fin de interponer la denuncia correspondiente.
Aunque las lesiones físicas serán evaluadas por peritos, la exposición pública y la humillación forman parte central del caso.
La ley podría castigarlos con años de prisión
En Nuevo León, retener a una persona contra su voluntad puede constituir privación ilegal de la libertad, delito que contempla penas de prisión que pueden aumentar si hubo violencia o humillación. Los golpes podrían tipificarse como lesiones, con sanciones que van desde multas hasta cárcel, dependiendo de la gravedad.
Despojarlo de su ropa y pertenencias puede configurar robo o despojo, mientras que la exhibición pública en estado de desnudez podría encuadrarse como tratos crueles o degradantes.
Si participaron varias personas organizadas, incluso podría analizarse la figura de asociación delictuosa. Será el Ministerio Público quien determine responsabilidades y la clasificación exacta de los hechos.
Lo ocurrido en el Centro de Monterrey no solo expone un caso de agresión, sino también el riesgo de convertir la desconfianza en sentencia pública. Porque cuando la multitud decide primero y pregunta después, el margen para el error puede ser devastador.
