El Pico de Orizaba, también conocido como Citlaltépetl, está atravesando un proceso de deshielo que no solo modifica su geografía, sino que revela piezas significativas de su pasado. Hasta momias han salido a la luz después de décadas de permanecer bajo la nieve.
El retroceso de su hielo milenario ha expuesto evidencias volcánicas, restos humanos y objetos que permanecieron congelados por décadas.
Las momias del Pico de Orizaba
El glaciar Jamapa, último glaciar activo del país, muestra una disminución acelerada en su masa. Este retroceso ha dejado al descubierto zonas antes inaccesibles, donde se aprecian formaciones de azufre, indicios de fumarolas antiguas y depósitos minerales que confirman la actividad eruptiva histórica de la montaña.
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A la par, entre la nieve derretida han emergido hallazgos impactantes: restos de alpinistas y exploradores que fallecieron en antiguas expediciones, algunos preservados como momias naturales debido a las condiciones extremas de frío.
Destaca el rescate de tres montañistas desaparecidos en 1959, cuyos cuerpos fueron localizados en 2015 y recuperados por equipos especializados años después.
El hallazgo de estos restos constituye un testimonio de las condiciones extremas que caracterizan a la montaña. Incluso se han reportado hallazgos de restos vinculados a accidentes aéreos en zonas cercanas a la cima.
Reto ambiental
El fenómeno de deshielo plantea, además, un reto ambiental. El glaciar Jamapa alimenta ríos y manantiales que abastecen a comunidades en Veracruz, Puebla y zonas aledañas.
Su reducción impacta directamente a más de 2.5 millones de habitantes y amenaza la disponibilidad de agua en el futuro.
Así, hallazgos sorprendentes en los deshielos de este volcán, como las momias del Pico de Orizaba, se convierten en una señal de alerta y en un recordatorio del valioso patrimonio natural e histórico que esta montaña resguarda bajo sus hielos.
