Lo que comenzó como un aparente gesto de ayuda terminó en una tragedia que mantiene consternada a la comunidad de Boulogne Sur Mer, en la provincia de Buenos Aires, Argentina. Ezequiel Lagraña, de 22 años, salió de su casa la madrugada del 1 de febrero con su hijo de apenas un año en brazos para recibir una supuesta donación de ropa, sin imaginar que ese encuentro marcaría su destino.
De acuerdo con el testimonio de sus familiares, el joven fue contactado por conocidos que le ofrecieron prendas para el menor. Confiado, acudió al punto de encuentro acordado, sin embargo, horas más tarde, el bebé regresó a casa, pero no con su padre: una pareja desconocida lo entregó y se retiró tras decir escuetamente que Ezequiel “había tenido problemas”.
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Desde ese momento, el teléfono de Lagraña permaneció apagado y no se volvió a saber nada de él. La extraña devolución del menor, sumada a la falta de explicaciones claras, encendió las alertas entre familiares y autoridades, quienes de inmediato denunciaron su desaparición y activaron los protocolos de búsqueda.
Las primeras líneas de investigación apuntaron a que la supuesta donación pudo haber sido una trampa planeada para atraer al joven a un sitio vulnerable. La policía comenzó a revisar sus comunicaciones recientes y a recabar imágenes de cámaras de seguridad para identificar a las personas que estuvieron con él por última vez.
Días después, las autoridades localizaron un vehículo compacto completamente incendiado. Al inspeccionar el interior, confirmaron la presencia de un cuerpo calcinado que, tras los exámenes forenses correspondientes, fue identificado como el de Ezequiel Lagraña, confirmando el desenlace que su familia temía.
Vecinos de la zona declararon haber escuchado una discusión intensa seguida de detonaciones de arma de fuego antes de que el automóvil fuera incendiado. Estos testimonios reforzaron la hipótesis de un crimen violento y llevaron a los investigadores a profundizar en el entorno del joven y en los últimos contactos que tuvo.
