VIDA DIARIA

Vivir con dolor crónico, un enemigo silencioso que no debe ignorarse

A pesar de afectar a millones de personas, el dolor sigue siendo una problemática subestimada en la atención médica. Expertos alertan sobre sus graves consecuencias y la necesidad de un enfoque integral para tratarlo

Vivir con dolor.
Vivir con dolor.Créditos: FreePik
Escrito en GLOBAL el

Vivir con dolor crónico no es normal ni debería considerarse una condición tolerable. Esta afección, a menudo minimizada por la sociedad y el sistema de salud, repercute no solo en la calidad de vida de quienes la padecen, sino también en sus relaciones interpersonales y productividad laboral.

De acuerdo con especialistas, el dolor es una alarma biológica que indica que algo no está funcionando correctamente en el organismo.

Vivir con dolor crónico

La intensidad y duración del dolor permiten clasificarlo en agudo o crónico. El primero es de aparición repentina y está ligado a lesiones o enfermedades temporales, mientras que el segundo persiste por más de tres meses y genera efectos que van más allá del malestar físico.

El dolor crónico no sólo afecta el cuerpo, sino también la mente y el comportamiento de quien lo sufre, impactando su autonomía y bienestar emocional

Datos de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) revelan que una de cada cinco personas en el mundo enfrenta esta condición, mientras que en México, aproximadamente 40 millones de ciudadanos lo padecen.

Sin embargo, los recursos para atender esta problemática siguen siendo insuficientes. La falta de clínicas especializadas y de acceso a tratamientos adecuados impide que los pacientes reciban una atención oportuna.

Los diagnósticos erróneos y la automedicación también agravan el problema. Muchas personas recurren a antiinflamatorios no esteroideos sin supervisión médica, lo que puede derivar en efectos adversos sin resolver la causa original.

Cada tipo de dolor requiere un tratamiento específico; no todos los analgésicos son efectivos para todas las afecciones

La clasificación del problema permite abordar cada caso de manera más precisa, evitando el uso indiscriminado de medicamentos.

La realidad es que vivir con este padecimiento puede llevar al aislamiento social y emocional. La incomprensión de familiares y amigos, así como los prejuicios sobre la apariencia física de los afectados, contribuyen a que estas personas se sumerjan en un silencio impuesto por la sociedad.

Expresiones como "si sales a pasear, no debe dolerte tanto" refuerzan la idea de que el sufrimiento es invisible y minimizan la experiencia del paciente.

Para abordar esta problemática, es necesario que los profesionales de la salud brinden diagnósticos certeros y diseñen planes de atención personalizados.

La educación sobre el dolor crónico debe ser una prioridad, no solo para los médicos, sino también para la población en general.

El autocuidado y el conocimiento profundo de la enfermedad son herramientas clave para mejorar la calidad de vida de los pacientes

A pesar de los avances en la creación de clínicas especializadas, el acceso a tratamientos sigue siendo una barrera importante. En México, menos del 12 % de los hospitales cuenta con clínicas del dolor, y la prescripción de opioides es limitada. Esta situación deja a miles de personas sin opciones efectivas para el control de su padecimiento.

Visibilizar el dolor crónico y promover un enfoque multidisciplinario en su tratamiento es una tarea pendiente. La unión entre pacientes, profesionales de la salud y entidades gubernamentales es fundamental para garantizar un acceso equitativo a la atención médica. Enfrentarlo no debe ser una lucha solitaria, sino un compromiso colectivo por una mejor calidad de vida.