VIAJANTES EN LA HISTORIA

Esto tardaba un viaje en carreta de Monterrey a San Antonio, Texas, antes de existir los autos

Antes de la invención de los motores e combustión interna, las diligencias eran el transporte colectivo para unir las ciudades de ambos lados de la frontera, pero había que armarse con paciencia... de días

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Antes de la llegada de los vehículos motorizados, trasladarse en carreta entre Monterrey y San Antonio, Texas requería un extenso recorrido de varios días, atravesando terrenos difíciles y sorteando las inclemencias del camino. La historia de estos viajes nos recuerda cómo el avance tecnológico transformó la movilidad.

Lo que hoy se completa en aproximadamente seis horas por carretera, en tiempos pasados implicaba un esfuerzo mucho mayor.

Los viajes en carreta de Monterrey a San Antonio, Texas

Antes de que existieran los automóviles, la travesía entre Monterrey y San Antonio se realizaba en carretas tiradas por caballos o mulas, atravesando montes, ríos y llanuras sin las comodidades actuales. Los pasajeros debían prepararse para un trayecto agotador de seis días, marcado por paradas obligatorias para descansar, comer y cambiar de animales de tiro.

La ruta de entonces no era directa. Debido a la falta de autopistas, los viajeros tomaban un camino que pasaba por la sierra neolonesa, seguía por Lampazos y luego conducía hasta Piedras Negras, para finalmente conectar con San Antonio.

En total, la distancia se extendía hasta 843 kilómetros, lo que hacía que el trayecto fuera casi el doble de lo que hoy se recorre en automóvil. Además del desgaste físico, los viajeros también debían soportar condiciones climáticas extremas y los riesgos del camino.

El costo del pasaje rondaba los 75 dólares, aunque en aquella época la moneda estadounidense tenía un valor menor en comparación con el peso mexicano.

Pasajeros y mercancías

Las diligencias, jaladas por seis u ocho mulas, tenían capacidad para hasta nueve pasajeros, quienes compartían el espacio con carga y mercancías. Durante las escalas, se realizaban intercambios comerciales: de Monterrey se exportaban naranjas y, en el regreso, se transportaban productos como jamón y mantequilla texana.

El arribo del primer automóvil a Monterrey en 1906, según el cronista José P. Saldaña, marcó el inicio de una nueva era. La exhibición del vehículo en la alameda regiomontana generó asombro entre los habitantes, quienes nunca habían visto un medio de transporte que no dependiera de la tracción animal, siendo también el primer vehículo automotor que atravesó la cuesta de Mamulique.

Poco a poco, los coches y autobuses desplazaron a las carretas, dejando atrás una forma de vida que, aunque desafiante, representó una etapa clave en la historia del transporte entre Monterrey y San Antonio. Texas.