COMPORTAMIENTO HUMANO

Propósitos de Año Nuevo: el mes en que más personas abandonan sus metas, según estudios

El inicio del año suele estar marcado por metas ambiciosas y altas expectativas de cambio

Escrito en GLOBAL el

Cada inicio de año millones de personas se fijan metas ambiciosas: hacer ejercicio, ahorrar dinero, comer mejor o cambiar hábitos que consideran negativos. Sin embargo, diversos estudios coinciden en que la mayoría de los propósitos de Año Nuevo se abandonan antes de llegar a febrero. Lejos de ser una cuestión de falta de voluntad, especialistas señalan que el problema radica en cómo se plantean estas metas y en las expectativas poco realistas que las rodean.

Una investigación de la Universidad de Scranton, en Estados Unidos, reveló que solo alrededor del 8% de las personas logra cumplir sus propósitos de Año Nuevo. Otro estudio publicado en el Journal of Clinical Psychology indica que, aunque el entusiasmo inicial es alto en enero, este disminuye drásticamente entre la cuarta y sexta semana del año, justo cuando aparecen las primeras dificultades.

Los expertos explican que uno de los principales errores es establecer objetivos demasiado generales o extremos, como “bajar 20 kilos” o “ahorrar todo el dinero posible”, sin un plan claro para lograrlos. Según la psicología conductual, el cerebro responde mejor a metas pequeñas, medibles y progresivas, mientras que los cambios radicales generan frustración y abandono temprano.

Enero suele iniciar con una carga emocional acumulada por las fiestas decembrinas, gastos excesivos y falta de descanso. De acuerdo con la American Psychological Association, el estrés financiero y emocional reduce la capacidad de mantener nuevos hábitos, lo que explica por qué muchas personas pierden motivación pocas semanas después de comenzar el año.

También influye la llamada “falsa sensación de nuevo comienzo”. Investigadores de la Universidad de Pensilvania señalan que el cambio de calendario crea la ilusión de un reinicio automático, cuando en realidad los hábitos dependen de constancia diaria y no de fechas simbólicas. Sin refuerzos positivos o apoyo social, los propósitos se diluyen rápidamente.

Así, el fracaso de los propósitos no es un signo de debilidad personal, sino una señal de que cambiar requiere estrategia, paciencia y realismo, más que promesas impulsadas por el entusiasmo de un nuevo año.