LEYENDAS DE TAMAULIPAS

Viejo Padilla: el pueblo maldito que quedó bajo el agua por haber ejecutado a un emperador

Este poblado del noreste de México es recordado como un sitio marcado por la historia y su posterior abandono; un suceso histórico trágico dio forma a una narrativa popular que habla de un cruel destino del que no pudo escapar

La maldición que pesa sobre este pueblo tamaulipeco
La maldición que pesa sobre este pueblo tamaulipecoCréditos: internet
Escrito en ESTADO el

A simple vista, Viejo Padilla podría parecer solo un punto más en el mapa de Tamaulipas. Sin embargo, su nombre despierta una sensación distinta, ligada a tragedias históricas y a un final inevitable. Entre relatos orales y recuerdos heredados, el antiguo poblado es señalado como un lugar que cargó con una sombra desde el siglo XIX.

Con el paso del tiempo, esta percepción se transformó en una idea repetida de generación en generación: Padilla quedó marcado por la muerte de Agustín de Iturbide, primer emperador de México. Una interpretación simbólica que mezcla hechos históricos con el sentimiento de pérdida de una comunidad entera.

Viejo Padilla, Tamaulipas: el pueblo maldito

Don Eulalio, uno de los habitantes más longevos que aún recuerda el viejo asentamiento, resume esa visión con una frase que se ha vuelto emblema local:

Cuando Iturbide fue fusilado, Padilla murió con él. El destino estaba escrito como una maldición que se cumplió

Sus palabras no hablan de superstición, sino de resignación ante una cadena de acontecimientos que terminaron por borrar al pueblo original.

Viejo Padilla fue, durante un tiempo, un sitio con vida propia: casas, calles, plaza, escuela e iglesia dedicada a San Antonio de Padua. La rutina transcurría entre el sonido de las campanas, el ir y venir del mercado y los niños que llenaban de ruido las calles al salir de clases. Todo eso comenzó a desvanecerse con el peso de la historia.

El 19 de julio de 1824 marcó un punto decisivo. Ese día, Agustín de Iturbide regresó del exilio y fue detenido en Padilla, entonces capital del estado.

Tras un breve proceso, fue fusilado a las seis de la tarde por una compañía militar del antiguo Nuevo Santander. Sin ceremonias ni honores, su cuerpo fue sepultado en la iglesia del lugar. El hecho selló no solo el destino del personaje histórico, sino también el simbolismo que acompañaría al pueblo.

El día que Viejo Padilla quedó bajo el agua

Décadas más tarde, el destino terminó por cambiarlo todo. Entre 1970 y 1971 se construyó la presa Vicente Guerrero, sobre el río Soto la Marina.

La obra obligó al desalojo total del Viejo Padilla y provocó que el poblado quedara completamente bajo el agua. Sus habitantes fueron trasladados a lo que hoy se conoce como Nuevo Padilla, aunque muchos nunca lograron adaptarse y optaron por marcharse.

Las ruinas de Padilla emergen una vez al año

Actualmente, cuando el nivel de la presa desciende, emergen restos del pasado: fragmentos de la iglesia, muros de la escuela, partes de la plaza y el puente que llevaba a la hacienda de Dolores.

También se distingue una placa colocada el 7 de julio de 1999, durante la conmemoración del 175 aniversario de la creación de Tamaulipas.

El área, hoy utilizada para la pesca recreativa y el turismo ocasional, guarda un silencio que contrasta con su historia. Caminar entre la maleza y las ruinas genera preguntas sin respuesta sobre la ubicación del quiosco, el palacio de gobierno o el monumento que, según crónicas, marcaba el sitio exacto donde cayó Iturbide.

Padilla murió con Iturbide

Así, la “maldición” de Padilla se entiende como una metáfora. Por un lado, el estigma del fusilamiento de Agustín de Iturbide en 1824; por otro, la desaparición física del pueblo bajo las aguas de la presa Vicente Guerrero. Para muchos, ambos hechos se enlazan como un destino trágico ya escrito. Y como repiten los viejos pobladores, Padilla murió con Iturbide, y el tiempo terminó por cumplir esa sentencia.